Era un sueño. De eso estoy seguro, porque la última vez que cerré los ojos estaba tan colocado que apenas podía alcanzar a sentir la punta de los dedos de mis pies. En un momento me trasladé a un mundo distinto, pero cercano. Había estado allí. Quiero volver allí joder. Hacia buen tiempo, con ese viento fresco que se te cuela entre los dedos cuando hace algo de calor. Era un lugar de esos que te hacen sentir bien simplemente porque no están llenos de jodidos recuerdos que hacen que tu cabeza sea cada vez más inútil. Estaba plantado allí. Acaba de nacer.
Apenas di dos pasos y la vi. Era mi diosa con vestido blanco. Recuerdo que no hice nada más que acercarme y besarla, y mientras hacía eso me preguntaba porque lo hacía, y que si yo mismo viera eso desde fuera me daría tanta pena que me perdería el respeto. Ella no quería. No la culpo. Sigo intentándolo. Agarro su suave cuello para acercarme y sentir su respiración. Aire caliente. No recuerdo que la dije. Solo recuerdo que al final estaba tragando su saliva. Joder. Ojala recordara aquello que la dije…
Solo buscábamos saciar esa fuerza que nace por debajo de la cintura con una potencia increíble y que no puedes frenar hasta que la frenas. Creo que me la hubiese tirado encima de aquel carrito de bebé, pero por lo que se ve eso no está ni aceptado en los sueños. Sabes que es un sueño y ni siquiera puedes manipularlo, ¿de qué cojones va esto? Por una parte deseaba que ese sueño no terminara jamás, estaba con ella. Por otra parte quería despertar, despertarme con ella a mi lado y hacer temblar los cimientos de esta mierda de sitio, pero el momento más realista del día te llega en ese estado de vigilia en el que sabes que estas durmiendo pero estás dormido. Creo que las guerra terminarían si los políticos negociaran en ese estado.
No podía parar de mirarla. Esa mirada no se explica, se interpreta. Se interpreta en forma de erección. Creo que el infierno debe estar lleno de chicas como ella. Espera. Joder, creí que lo tenía. La mejor de las frases. Seguimos caminando por aquel lugar tan familiar y nuevo a la vez. No. No. No. Creo que estoy despierto. Otra vez aquí. En serio. Creo que no había sido tan feliz en mi vida, y segundos después, tan desgraciado.
Intentas volver a dormirte, volver a buscarla con la intención de que no se haya movido de tu hipotálamo y aun permanezca esperándote, a ser posible con un buen vaso de whisky y una cama manchada de vino. Pero no está. En su lugar te encuentras con cosas peores, aunque a su lado sea todo peor. Te encuentras con una frígida. Una virgen. Un libro mojado. Tu felicidad en un diploma. Un puente por el que tirarte. Un elefante. Un elefante que baila. Un paraguas que no vuela. O peor aún, a tu padre.
Creo que debería morirme, seguro que está allí, donde quiera que sea ese lugar. Prefiero una muerte jodidamente dolorosa a seguir viviendo aquí viendo la misma cara de todo lo que significó algún día y que se ha convertido en algo peor que la iglesia católica. El odio. El asco. Las ganas de follártela con cuero. Eso es lo que es ahora. Nunca fue menos y siempre fue más. Vas a morirte. Morirte en vida que es mucho peor que la muerte de la que tanto habíamos hablado.
