Todo se ve desde un punto de vista diferente desde donde estoy. En realidad es como separarte de tu cuerpo y manejar otra cosa que no es tu ingenioso cerebro, porque en si mismo es lo que eres. La historia era algo grotesca. Como todo dentro de esta mierda, pero por una vez me sentía relajado. Nada estresado por algún gilipollas barrigón dispuesto a joderte el día. Todo estaba despejado. Olía bien y tenía mejor tacto. Si algún día has viajado a la luna conocerás esto. Todo es ligero y esboza una sonrisa de chico sexi y dormido. Es como si flotara ántrax o LSD en el aire. Así es como se deben sentir los perdedores con mucho tiempo libre. También los nudistas o los nihilistas. Y supongo que también los ignorantes. Empezar a pintar las paredes. Pensar en alto. Obsesionarte con algo, idealizarlo, después follártelo y corromperlo. Para siempre. Como siempre. Hay tiempo para todo. Tiempo para quemar todo y ver como arde. Sentirte poderoso. El apocalipsis de todo aquello que deje de ser mínimamente hedonista. Ahora tienes el tiempo de escribir tu propio guion y hacer la mejor película de todas. Con mucho sexo y acción. Donde el bueno muera y el malo se folle a su novia delante de su madre. Disney aquí seria un ciudadano de segunda. El candidato perfecto para acabar con su jodida y congelada cabeza clavada en una elegante y puntiaguda estaca de madera. Aquí la comida es la bebida. La bebida es lo que se fuma y lo que se fuma te la pone dura. Todo el rato. Lo más largo y eterno. Tan largo como el orgasmo de un caracol. A todo esto lo llamo como quiero. Lo llamo el Estudio 31. Estudio porque nunca dejas de aprender sin que nadie te enseñe nada. 31 porque es el mejor de los números después del 10 el 5 el 11 y el 4. Cuatro. Cuatro suena a muerte. O sonaría si fueras japonés. Muerte. Aquí lo único que esta muerto es el alma. Después de eso puedes quitarle el puesto a Dios y convertir el cielo en un jodido burdel. Es lo que se aprende en el Estudio 31. Lo más útil desde aprender a destilar tu propio alcohol.
La fiesta no ha hecho más que empezar y ninguno de vosotros estáis invitado.














