Treinta y uno

Todo se ve desde un punto de vista diferente desde donde estoy. En realidad es como separarte de tu cuerpo y manejar otra cosa que no es tu ingenioso cerebro, porque en si mismo es lo que eres. La historia era algo grotesca. Como todo dentro de esta mierda, pero por una vez me sentía relajado. Nada estresado por algún gilipollas barrigón dispuesto a joderte el día. Todo estaba despejado. Olía bien y tenía mejor tacto. Si algún día has viajado a la luna conocerás esto. Todo es ligero y esboza una sonrisa de chico sexi y dormido. Es como si flotara ántrax o LSD en el aire. Así es como se deben sentir los perdedores con mucho tiempo libre. También los nudistas o los nihilistas. Y supongo que también los ignorantes. Empezar a pintar las paredes. Pensar en alto. Obsesionarte con algo, idealizarlo, después follártelo y corromperlo. Para siempre. Como siempre. Hay tiempo para todo. Tiempo para quemar todo y ver como arde. Sentirte poderoso. El apocalipsis de todo aquello que deje de ser mínimamente hedonista. Ahora tienes el tiempo de escribir tu propio guion y hacer la mejor película de todas. Con mucho sexo y acción. Donde el bueno muera y el malo se folle a su novia delante de su madre. Disney aquí seria un ciudadano de segunda. El candidato perfecto para acabar con su jodida y congelada cabeza clavada en una elegante y puntiaguda estaca de madera. Aquí la comida es la bebida. La bebida es lo que se fuma y lo que se fuma te la pone dura. Todo el rato. Lo más largo y eterno. Tan largo como el orgasmo de un caracol. A todo esto lo llamo como quiero. Lo llamo el Estudio 31. Estudio porque nunca dejas de aprender sin que nadie te enseñe nada. 31 porque es el mejor de los números después del 10 el 5 el 11 y el 4. Cuatro. Cuatro suena a muerte. O sonaría si fueras japonés. Muerte. Aquí lo único que esta muerto es el alma. Después de eso puedes quitarle el puesto a Dios y convertir el cielo en un jodido burdel. Es lo que se aprende en el Estudio 31. Lo más útil desde aprender a destilar tu propio alcohol.

La fiesta no ha hecho más que empezar y ninguno de vosotros estáis invitado.

Si metes los dedos dentro de un enchufe no pasa nada

Le digo a ese gordo tartamudo de la voz en off que la ponga en On y que empiece la fiesta.

Y lo hace.

Hoy él está en un ascensor. Otra vez. Solo. Al principio. Las puertas se van cerrando y alguien grita. Lo espera. Era ella otra vez. La chica morena de manejables pechos y brackets en los dientes. En su camiseta pone algo así como “¿Qué es lo que quieres?” Eso a él le gustaba. Ella llegaba hiperventilando. Eso a él le gustaba aun más. No sabía si era porque estaba cansada o excitada. Al menos no había ningún charco alrededor de sus apretados vaqueros, pero a nuestro amigo le va fantasear. Ella habla muy alto pese a que no lo conoce, oficialmente. Mucho y muy alto. Él se dedica a poner cara de sueño, mirar al suelo y después a un lado levantando un poco las cejas. Joder, nuevo precisamente no es. Se dan la típica conversación de ascensor y…. –No, hoy nuestro amigo no va a follar. Aquí no ganan ni triunfan nunca los buenos. Aunque él no es bueno. Él es el malo. Pero tampoco la meterá en ese apetecible agujero al principio y en ese otro apetecible otro agujero al final.- Se bajan ambos en el piso dos del ascensor y siguen su camino. Se volverán a ver en alguna onanista escena del futuro. De él fijo. ¿De ella? Joder, también. Pierde el tiempo. Imagina. Reduce todo a una cosa y sigue. Ahora se pone a los Stones. Piensa en un próspero negocio para salir de aquí e irse a vivir al sur de Francia a engatusar chicas con mirada perdida. Pero todo lo que pasa por esa cabeza es ilegal. O inmoral para la mayoría de los mortales. O las dos jodidas cosas. ¿Una agencia de asesinos a sueldo? Todo el mundo debería tener derecho a matar a alguien sin mancharse las manos, para eso existiría. Además al segundo asesinato podría poner una especie de descuento. O poner cupones en las revistas de amas de casa. Estaría bien. Todo sería limpio. Mierda. Habrá que seguir siendo pobre una semana más. El malo sigue sin triunfar. Al menos el bueno no hace otra cosa que cascársela. ¿Y qué tal una liga o una comisión de perdedores? –piensa mientras hace como si se fuma un bolígrafo- Esa gente no tendría nada que perder y podría por ir el centro de África intentando dar golpes de Estado. O podría ir por las discotecas griegas proponiendo tríos y orgias a parejas y grupos de amigos. Para ellos el mundo no sería más que un sostén esperando a ser desabrochado. No haría falta mucho capital para entrar. Y elaborando una manera de medir la felicidad se podría cobrar una comisión por nivel. –Todo esto lo piensa mientras está rodeado de gente a la que no hace caso- Joder. Yo quiero tirarme a la morena del aparato en los dientes.

Creo que por hoy ya va siendo suficiente, cretino.

Y de deberes, pensar una nueva postura. Y no vale que sea dentro de un ascensor.

Hasta un reloj roto acierta la hora una vez al día.

Estaba en la estación esperando aquel jodido tren. Allí es donde había quedado. La gente suele quedar en plazas, fuentes o bares, pero eso es porque subestima el pensamiento y la mentira en movimiento. En los trenes siempre está el mismo tipo de gente. Los que están perdidos, los que aplauden, los que roncan o los que son sociables contigo hasta que follan.

Esa incómoda sensación de que todo el mundo quiera follarte.

Volvíamos a vernos. Tenias que hablar de una forma excesivamente cortés y muy poco distendida. Algo trabada. Casi prosística o Shakesperiana. A veces era hasta divertido rebuscar todo. Nos sentamos y le empecé a contar como asesiné a mi mujer.

O bueno, lo que algún día fue mi mujer.

No hay parangón ni cabe rebuscada comparación a la de organizar un grato encuentro sino en un de los medios más minusvalorados de todos. Donde nada permanece quieto ni inerte. Donde cada segundo que pasa queda aún más atrás de lo que quedaría en tierra firme. Donde nadie escucharía el cantar de un ave o el sonido de un carámbano estrellándose en la nieve.

Pura como la nieve matutina.

Cuando me planteé como hacerlo pensé que morir debe doler. Pero ya que sólo mueres  una vez no debía importar tanto. Tampoco esperaba lograr nada en mi interior al asesinarla. No esperaba que fuese como introducir mi pene en la nariz de una vaca para que ésta me lamiera los huevos. Sólo quería la paz de verla muerte. De verte muerta.

Era la noche que volvía de su improvisado viaje cuando pasó. Primero me la tiré. Más por mí que por ella. La gente suele hacer mejor las cosas cuando no tiene los huevos llenos. Algo que no cambiaría nunca sería la facilidad con la que ese olor era capaz de lograrme la más férrea de las erecciones.

Había continuos baches en la vía. Era bastante incomodo.

A no ser que llevarás unas bolas chinas en el interior de tu cuerpo.

Después de terminar de tirármela como si fuera a ser la última vez, me situé detrás de ella y dije su nombre. Se dio la vuelta. Disparé justo en su frente. Que bonito. Hasta parecía que se había reconvertido en budista. La muy hija de puta.

Después pensé que había exagerado mi tolerancia a la necrofilia, más que nada porque muertas apenas lubrican, asique me dispuse a enterrarla. Le dije a mi gato que me guardara el secreto mientras iba a por una pala.

En ningún momento me sentí mal, señor. Una sensación de alivio y de haber ganado un tercer pulmón fue la que se adueñó de mi justo después. Puse su canción favorita, esa mierda que acaba con un solo de piano, y me dispuse a irme de allí.

Supongo que algún día alguien te echara de menos. Yo no.

-¿Y que es lo que hará a partir del preciso momento en que baje de este tren?-

-¿Bromea? Tengo todas las vaginas de Praga para torturar y matar. Esto no ha hecho más que empezar.

Los tipos con ojos verdes y que se lo tienen creído me la ponen dura

El Dios de todos esos que escriben bebidos. Necesitan alguien que les guie camino para abrir una hoja de papel completamente en blanco y empezar a deslizar las palabras que salen de sus dedos, y mas al fondo, de su subconsciente, para decir que realmente es buena la mierda de la que se están empapando.

No lo necesitas, ni siquiera te vas a acordar. Es como uno de esos sueños en los que no recuerdas nada cuando te despiertas. Tienes un sueño que se repite muchas veces. Has llegado a la conclusión de que cuatro de cada cinco veces tiene un final, pero de vez en cuando, tu puedes ser el malo, matar al tipo que te esta jodiendo toda la puta película, follarte a su novia pelirroja de coño prieto y ser el puto jefe todo.

Te sientes vivo en esos momentos. Aunque puedas perderlo todo en un segundo.

La sangre te parece algo tan común como una jodida ardilla en el retiro y te la bebes como si fueras un tipo que vive en un pedazo de mansión de Rumania. Esa mierda te la pone dura. A mi me la pone dura.

Da igual lo que escribas. Mañana cuando despiertes a las tres de la tarde con la boca seca y la polla dura no recordaras nada de esto. Solo pensarás en ella y en porque no está ahora a tu lado.

Te la podrías estar follando.

No me jodas.

No sé de qué mierda me estoy mojando. Ni siquiera sé si es un jodido amanecer nublado o un atardecer lluvioso. Me la suda que hora sea. Solo sé que es la hora de beberte.

Podría decirte algo en alemán o en francés al oído. Sé que eso te gustaría. A mi me excitaría un poco y no tendría mas remedio que llevarte a un ascensor con mamparas transparentes y hacerte la marcha atrás hasta terminar derramando mi ADN sobre tu espalda.

A mi esa mierda me parece amor.

Paso de llevarte a dar un paseo. Pagarte una cena cara. Darte un paseo por un paseo mientras te cojo de la mano y te cuento lo eficiente que soy evadiendo impuestos. Esa jodida mierda no la haría ni el puto Huge Grant.

Tampoco voy a comprarme un yate y ponerle tu nombre. Ni comprarte una jodida estrella solo para que lleve tu nombre. Nunca haría eso sin haberla conquistado antes. No hace falta.

Porque para eso tú eres mi estrella.

No es mi estilo.

Mi estilo es llenarte los pulmones de hierba y el hígado de bourbon. Follarte hasta que tu preciosa vagina obtenga un tono de color rojo sangre y después atarte para que no te puedas escapar.

No sé de qué va esta mierda.

Pero a mi me vale con solo una sonrisa de tu boca para empezar a sonreír.

A Rush blood

E=F-1

Se estrellan dos trenes de frente, en Turquía por ejemplo, mueren no se cuantas personas y un gatito. Lo lees mientras tomas algo de café, un café cargado por un oso con sombrero y sin pantalones. Y esbozas una especie de mueca.

-Después de todo iban por la misma vía. Aun estoy trabajando en que la materia atraviese materia, pero los experimentos no son del todo prometedores.- Hacia mucho que no veía a ese tipo, y desde luego no tenia ganas de volver a verlo. Iba pensando en mis insignificantes cosas, ósea follar, y entonces nos encontramos. Fuimos juntos a la universidad. Teníamos el mismo nombre pero éramos totalmente diferentes. Ese tipo era un cretino, al igual que yo. La diferencia estaba en que yo sabia lo que era y el no.

Después de estar un buen rato soltándome toda su mierda e intentar aguantarle la mirada sin que se me cerraran los ojos, tuve que detenerle.

-¿Sabes? ¿Te has dado cuenta de todo el barro y desgracia que pisas? No se, creo que si te dejas llevar por todo eso acabarás jodido. ¿Por qué nadie hace chistes en un funeral? ¿O por qué no nos podemos reír de un tipo que se ha muerto por masturbarse 54 veces en un día hasta que se ha muerto? ¿Sólo por eso? ¿Le das credibilidad y respeto a alguien por estar muerto? Matemos a todos los políticos, digo yo. Matémoslos.-

Creo que le he dejado tocado. Tiene esa cara de cuando aparece una escena porno y estás viendo la televisión con tu madre. No sabe muy bien que hacer. Realmente ese ridículo personaje de pelo rizado y mente científica estaba tan cerrado en su propia crapulencia que se había olvidado de una importante variable.

Alguien tenía que hablar. Puto convenio social. ¿Por qué alguien tiene que decir buenos días? Me toca.

-Sólo digo que dejes de joderme el Karma. No quiero escuchar tu mierda. Ni siquiera quería verte hoy. Si me apetece darle un trago se lo doy. ¿Por qué no le vas a decir a esa amable señorita que te toque un rato si es lo que te apetece? ¿Acaso portarse bien te asegura algo en otra vida? No tengo nada en contra en esos que adoran cosas imaginarias, pero si luego se me ocurre escribir algo sobre alienígenas o vaginas con dientes el loco soy yo. Monos que adoran monos invisibles.

Terminé con un -empieza a reírte de todo, porque yo no paro de reírme de ti-, y me fui.

Mierda. Ya se me ha enfriado el café. Tendré que ir a buscar otra vez a ese oso.

Cuanto más irónica mejor. Quien sabe, si te ríes como un loco delante de muerte, tal vez la asustes.

En cuanto me sirvieron un café en aquel local de ciervo estrellado me fui.

Nunca más volví a verle. Tampoco hice nada porque esto cambiara.

La velocidad del sonido.

¿Sabes? Mi vida está perdiendo impulso últimamente. Si tuviera que describirte como es esto te diría que se parece algo así como a unos fuegos artificiales. Ya solo con el nombre tus ojos se iluminan y  hablas con voz motivante de ellos. Todo empieza genial. Le puedes poner incluso algo de música de Queen para acompañar. Siempre queda bien. La luz se eleva sobre el cielo estrellado. Es de noche, como siempre en esta jodida historia. Todo sube. Nada baja. Nada baja porque termina explotando. Ahí está lo bonito. Duran, no se, ¿diez o veinte minutos? Depende quien llegue antes al orgasmo. Y una vez que todos nos hemos corrido tu sensación de bajada, comenzando por tus tripas, se va haciendo presente.

Se te acaban los suspiros.

Todo deja de ser Don´t stop me now y festival de aviones con piruetas para ser Copa de Europa, Paranoid Android o algo aun más aplastante. Puedes elegir. Depende lo españolito que seas.

Dejas de ver elefantes para cansarte de haberlos visto. Todo eso que un día te daba ganas de follártelo desde que te levantabas se ha convertido en la vagina de tu madre. No tienes otra sensación que no sea la apatía, la desidia o las no ganas o no emociones. Antes te sentías el jodido rey del mundo cuando lo conseguías. Ahora, te sientes totalmente infravalorado por ti mismo.

La cosa es que pago más de noventa pavos por esto y no se si lo estoy haciendo bien.

-Continúe-

Tampoco quiero llegar a la raíz. No quiero saber porque cada vez me gusta más beber solo. Hablar solo. Pensarte solo. Es totalmente absurdo. Ni siquiera tienes una meta que perseguir. Ni una línea que sobrepasar. Ya has sobrepasado todas. Tal vez no sea hora de sobrepasar líneas.

Tal vez sea hora de esnifar líneas. De dejar atrás todo aquello que te entumece.

Sueltas un lastre del pasado. La sensación que te inunda el cuerpo es algo totalmente distinto. Sabes a lo que me refiero ¿no? Por una parte es algo así como la ilusión por irte, pero por otra es el miedo al llegar.

No se.

Ni siquiera me importa.

Tampoco me imagino como puede acabar esto. O si hay salida. O si ya estoy tan fuera que es estúpido ponerse a pensar en volver a entrar.

Algún día recordaré todo esto. Algún día lloraré por todo esto.

Solo espero que sea de alegría. Y que sea respirando alegría del fondo de tu boca.

BUM

Je vais brûler toute la France

Ya es parte de esto. Está dentro de mí. Todos dicen que es malo, que hay que eliminarlo, que si no acabará con mi vida. Pero no tienen ni idea. Ahora mismo para mí es algo así como mi mejor amigo. Siento su calor. Cada vez que leo o pienso palabras como punzante o hiriente le recuerdo. A lo mejor es como cuando te enamoras de tu secuestrador. No lo creo.

Ahora mírate.

Casi puedes sentir que te puede hablar. ¿Dirías que te ha cambiado? Si. ¿Para bien? Ni puta idea. Caminas ausente. Mirada perdida. Te cruzas con esa pareja que se lo está montando en mitad del pasillo y ni siquiera te inventas su historia. Tal vez no les conocías. Seguramente no se conocían ni ellos. Mirada cansada.

Esto es en lo que te he convertido.

Caminas solo. Esta vez no te rodea gente, aunque seguirías estando solo. Las luces cada vez son más borrosas. No sabes si es por tus lágrimas o simplemente porque es el entorno el que se distorsiona para ti. Da igual. Es el único momento del día en el que eres libre. No puedes parar de andar. El suelo está más duro de lo normal. Te castiga los pies. No importa.

Que cansado es que no le des valor a nada.

Cansado, hasta que deja de serlo.

Creías que eras uno de los motivos en que pensaba para dormir bien. Joder, no podías estar más equivocada. Simplemente eres el único que hoy no me deja pegar ojo. Como siempre.

Como siempre.

Un café con más sal que de lo otro

Fomentando la lectura cerrando bibliotecas. No es una buena manera. Al menos este sitio tiene cierto encanto. La música es buena y suave, creo que es Jazz. La toca una señorita a la que no puedo ver, pero su voz me hace imaginármela como una chica que aun no esta muy usada y no sabe todo lo que puede hacer y conseguir con una voz y un susurro.

El café es bastante decente. Las sillas jodidamente incomodas. La luz suave, ideal para invitar a alguien a una copa de vino, si hubiese alguien. No hay más que un camarero con el pelo rizado y una camiseta negra, con pinta de no tener nada mejor que hacer que estar aquí. Enfrente de mi un tipo leyendo una revista de decoración, supongo que será uno de esos esclavos. Va por su tercera cerveza y no para de chuparse el dedo para pasar página. Chupar algo. Aquí no hay nada que puedas chupar ni nadie que te pueda chupar. Solo una chica sobre los 30 con pinta de frígida mientras ojea con esmero el diario más de derechas del país.

No sé que significa ese nombre, suena a griego. Creo que acaba de entrar una profesora, o al menos tiene cara de eso. No pidas la leche templada, te va a dar igual, estará muy caliente y te quemaras, y solo te servirá para querer quemarle su sexo. Pelo recogido. Pagando en monedas pequeñas, como su estatura y su voz, que es de un registro tan bajo que podría presentar algún programa de radio nocturno.

Niños, vaya hijos de puta. Alguien debería hacerlos callar. La putada es cuando se te acaba el café y no has terminado de escribir ni has empezado a leer. Kafka, creo. Hoy paso de Bukowski. Algo que sepa a hierba y queme la garganta, y como este puto agujero de ciudad no es el barrio rojo precisamente tendré que conformarme con un absenta o algo así. Aunque recuerdo que tengo algo de bourbon en el bolsillo y le doy un buen trago. Esto despierta a cualquiera. Eso es algo que no hay en este bar, ni rastro de una botella de bourbon o un whisky decente. Menos mal que son algo mas de las 6 de la tarde y he llegado algo enchufado.

Nadie de este sitio sabe que están formando parte del arte. Nunca lo sabrán. Puede que lleguen a leerse e incluso a encontrarse, pero nunca sabrán quien de todos les pensó y les tecleó. Puta magia. Ya no hay problemas.

Creo que ahora me iré a encabronar al clero.

Dios es una negra lesbiana de 180 kilos y podría tirarse a quien quisiera y pasar de ella al día siguiente.

O eso creo.

Terrorista eléctrico por razones

Todo está a oscuras. Parece que el año pasado queda lejos, pero solo hace un día que se fue. Joder, mala suerte. Estás solo en casa. Tienes velas con olor a chica de instituto que hacen que parezca la escena más romántica de la película más infumable de Huge Grant o el prostíbulo más cutre de Marruecos. Suenan los Beatles, música de viaje, apagones y ascensores. Pero no esa etapa. La etapa LSD. La etapa Ámsterdam. La etapa exciting.

Estaría bien que estuviera aquí, aunque no se quien. Tal vez podría imaginar como seria la escena perfecta. Si, creo que haré eso.

Es pelirroja. Si me hubieran dado un dólar por cada pelirroja que me he tirado tendría un dólar.

Alta, tiene que serlo. No grandota. Me gustaría que tuviera la nariz algo grande y que pudiese tocársela con la lengua. Eso siempre me ha parecido jodidamente sexi.

No importa que no tenga mucho pecho, lo compensa con su impresionante cuerpo. (Podría limpiar pescado con su cuerpo de lo perfecto que es. ¿?)

Ha accedido a venir, aunque casi nunca lo hace. Le digo que tengo algo de hierba y nada de luz en mi casa. Me parece buen eufemismo para el sexo. Ella sabe que lo es. Tengo una botella de Burdeos abierta en mi habitación con una copa manchada. Creo que empezaré la fiesta sin ella. Aunque igual me emborracho. Emborracharse nivel creer tener súper poderes y súper polla.

Creo que está aquí. Ni puta idea de como se llama.

Su voz no encaja con su cuerpo. O es su voz. No se. Antes no hablaba así. Me parece. Ni siquiera se si la he visto antes más allá de mi perturbada cabeza. Creo que he bebido demasiado. Ahí, aunque no se donde, pone que es otra persona, con una vagina mas grande incluso, pero mi cabeza esta diciendo otra cosa. Me da igual. Lo único que quiero es que se haga la difícil, no que lo sea. Son las mejores. Ella es la mejor.

Un poco de vino. Esta bien hacerse el entendido. Los tipos cultivados como nosotros tenemos que saber de estas cosas. Afrutado, sabor suave con fuerte tirón al final. No la mierda ácida que acostumbraba a beber. Lleva un vestido rojo, como su pelo, y supongo que como su pubis. No puedo parar de fijarme en sus manos y fantasear de lo que será capaz de hacer con ellas.

A todo esto la música sigue sonando, eso no entiende de electricidad, aunque a veces te electrifique. Get Back. No se a que huele, pero es impresionante. Es lo primero que recuerdas de alguien que conoces, y sobre todo con ese nivel de follabilidad que pasea.

Es lanzada. No se quien inventó la mierda de que si eres hombre tienes que dar el primer paso. Gilipolleces. ¿Cómo lo ha hecho? Mano dentro de mi pantalón, acción. Ya no existe pantalón, reacción-erección.

-Dame un beso, con más lengua que de lo otro.

Joder, a la luz de cinco velas todo sabe mejor. Todas saben mejor. Todo.

A todo esto mi semen sigue sin ser fluorescente, creo que es una buena noticia.

Erecciones que conquistarían el mundo

El momento en el que no es lo suficientemente de noche como para que las farolas comiencen a lucir, pero ya hay demasiada poca luz como para que los coches vayan con los faros apagados. Parece todo una calle oscura. Parecen oscuras hasta esas calles donde alguien decidió que era buena idea colocar miles de bombillas y guardar tributo a esa mierda llamada navidad. Encima, si la robas, te hacen una película poniéndote de malo. Jodida navidad. Otro más que muerde el polvo.

A veces tienes la sensación de que has llegado demasiado lejos con esto, que deberías parar y tener una vida tranquila. La pena es que muchas veces la tranquilidad va asociado al aburrimiento. Los artistas no se aburren, piensan nuevas maneras de masturbarse y las patentan. Bonito cuadro… ¿quedaría bien si algún día me diera por pintar algo con mi polla? Mierda. La diversión debería existir hasta en un domingo por la tarde. Todo este pedazo de cosa humeante y chorreante de gente que solo quiere ver porno solo debería parar de girar durante unos minutos, esos minutos que necesitas para darte cuenta de que prefieres estar borracho a estar dormido.

Otras veces tienes la sensación de que nunca será suficiente, y de que alguien acabará mal. Eso sí, tu no. Tu solo te reirás de todo lo que pasa a tu alrededor, para variar. Es lo mejor de todo. Yo me reiría hasta de mi propia muerte. ¿Con eso le vale, señor? Claro que no, yo le diré cuando haya bebido más de la cuenta, porque la única cantidad peligrosa es cero. Quiero tocar eso y eso, quiero tocar en una banda. En Queen. Me hubiera gustado chupársela a Freddy Mercury. ¿Esnifar coca con pólvora? Solo si tengo un papel en blanco delante para hacerle hablar.

El momento ese donde casi no hay luz. Tú llegas a casa. Él se va a trabajar. No sabe que algún día tu ganarás tanto dinero por estar una noche despierto borracho de vino y bourbon mientras te tocas y escribes, mejor, mientras te tocas con lo que escribes, y el llevará horas durmiendo para levantarse cuando aún sea de noche, coger un autobús, llorar por dentro y dedicarse a poner ladrillos, solo un ladrillo cada hora, donde construye una casa. Una casa donde nunca vivirá nadie. Solo los mejores años de su vida.

¿Y qué es lo que tienes que perder? Nada joder. Todo lo que tienes te tiene a ti. Dedícate a otra cosa. A leer. Hasta que hayas leído todo lo bueno que se haya escrito. Dos veces. Y no tengas más remedio que ponerte a hacer algo que merezca la pena ser leído. Aunque solo sea por ti. Por ti y por alguna chica que la gusten las barbas, el bourbon, los ojos verdes, los guaperas o los artistas. ¿Placer? No, aun no.

Siempre he pensado que follar con Kids de MGMT de fondo debe ser lo más parecido a bailar sobre el hielo desnudo y lleno de éxtasis. Así. Solos tu y yo.

Se empeñan en llamarlo monogamia cuando es mano-gamia

Estabas delante de un espejo, yo lo recuerdo. Te mirabas pero era como si no vieras tu reflejo, era otra persona. La percepción de la realidad estaba totalmente distorsionada, y tú te reías. Mucho. No estabas solo pero te notabas así. Tenías la sensación de que alguien te manipulaba. Tu mano derecha se movía sola. La izquierda te tocaba allí donde tanto te gusta que te toquen. Jodido miembro fantasma. Me creía inmortal. No tenía problemas, no tenía nada. Solo una sonrisa. Esa sonrisa que tienen los terroristas antes de matar o de inmolarse. Soy un terrorista. Un terrorista del amor y el sexo.

Todo está sucio en ese baño, empezando por tu mente y tu mirada. Ahora te gustas. Intentas proyectarte astralmente para auto follarte pero no puedes. Jodida realidad. Vuelves a sonreír. Tus miembros tienen vida propia y no los puedes regir. Inténtalo, tal vez sea lo último que hagas. Te fijas en tus ojos. ¿Por qué son así? Normal que todas las chicas del lugar se lo quieran hacer conmigo. Guay. Ahora tienes delirios de grandeza. Jodido melómano. Pero te da igual, estás bueno. Bueno y colocado de algo que te tenías que haber metido hace tiempo. Hace mucho tiempo. Sobre todo en esas putas cenas del novio de tu madre.

Ahora aquel es tu hogar. Ese sucio baño donde tantas cosas han pasado. Creo que podrías clonar a gente con el resto de ADN que hay por ahí suelto. Ahora te viene a la cabeza una canción de Radiohead. Después de Los Planetas. ¿Cuándo empieza el instinto suicida? El mejor de todos. El asesino que empieza por sí mismo. Vale. Vale. No sabes cómo has llegado allí y menos lo que has comido hoy. Ni siquiera recuerdas la última vez que follaste sin estar bebido o colocado. Todo volvía a empezar.

Las putas guitarras van subiendo. Todo está roto. Todos estáis rotos menos yo. Todo te hace gracia. Hasta frivolizas con lo menos frivolizador de todo. Te preguntas porqué aun vives allí, o porque nunca has practicado sexo anal. Creo que esto se está bajando. A lo mejor es así. Primero te avisa que esa mierda es gorda. Después llega el ojo del huracán. Y por fin los fuegos artificiales. Eso sí que es bomba.

El cielo deja de ser azul.

Todo empieza a tener sentido por algo.

No me quieras. Átame a una cama y después ya improvisamos.

Eso sí, para siempre en aquel lugar. Solo latas de sopa y aquella droga tan pura y natural.

El mundo es nuestro. Yo soy el rey. Tú eres Dios. Tú eres quien quieras ser. Diosa.

 

Sabes que te gusta auto medicarte

Imagina que estás en un lugar donde hay un pasillo muy largo, de ese color que tranquiliza, el ocre, aunque solo te trasmita calma tensa. El suelo está húmedo, como si continuamente estuvieras pisando charcos. Eso está bien cuando eres un niño y te ponen esas estúpidas botas de goma de colores chillones. A tu lado, uno a la derecha y otro a la izquierda, tienes a dos tipos con traje oscuro, el blanco es para gente con carisma dentro de un casino, y unas gafas de sol caras pero baratas. Te acompañan a un sitio donde has estado, pero no lo sabes.

Entras, parece una sala de interrogatorio pero no lo es,  porque allí quien hará las preguntas serás tú. Está el típico espejo traslucido donde sabes que alguien te está observando, y la típica silla al otro lado de la mesa, donde no sabes quién se sentará. Ni siquiera te ponen agua, eso lo hacen está en la cárcel. Piensas. ¿Cómo he llegado allí? La última vez que cerré los ojos no estaba aquí, ni tampoco estaba durmiendo. Te haces una nota mental de volver a colocarte con setas. Repasas la lista de la compra. Lo que harás al día siguiente. Típicas cosas de tu coñazo de vida, aunque no tengas claro que pasará mañana.

De repente entra alguien y te dice lo que va a pasar. Él o ella tienen la forma que tú quieras. Puede ser feo si así es como te gusta la gente que te da malas noticias, porque te reconforta un poco tu cara bonita, o puede ser jodidamente preciosa para que puedas jugar a desnudarla mentalmente, o tirártela con la ropa puesta si te va ese rollo. No te dirá dónde estás ni quien te ha llevado allí. Simplemente te dirá que te calles la boca hasta que él o ella termine de hablar, y después puedas hacer una sola pregunta, no más.

La cosa esta así: Sitio raro, gente rara, ni una puta gota de alcohol en kilómetros y tú sentado en una silla dentro de una habitación húmeda. No es el mejor sitio para una embarazada. Y te sueltan algo así: -Verás lo que vamos a hacer, o mejor dicho, lo que voy a hacer por ti. Tu vida seguirá esta serie. Tendrás conocimiento por ti mismo o por otra vía de algo que pensarás que cambiará o que puede cambiar tu vida. Lo idealizaras. Pensarás que todo lo que rodea a ese algo no es lo suficientemente bueno. Fantasearás con su idea. Después, -esta es mi parte favorita-, lo verás tan cerca que creerás que es tuyo. Serás feliz, pero será falso, solo una ilusión. Mal interpretarás todas las señales y pensarás cosas que no son. Puto ignorante. Y por último, -mentí, esta es mi parte favorita cabronazo-, todo lo que habías soñado, creído y creado se caerá al suelo y se romperá con tanta potencia y se hará tantos cachitos que creerás haber roto una lámpara de araña. ¿Divertido eh?-.

Por fin se calla. Nadie soporta oír algo así, sobre todo cuando es verdad. No sabes nada. Tampoco sabes porque te conoce tan bien y porque ha descrito tu mierda de vida en unos minutos de discurso. Solo sabrás que es cierto. Y recordarás que solo podrás hacer una pregunta. Tal vez cambie tu destino, tal vez no. Tal vez le puedas pedir un deseo, como una polla aún más grande, o tal vez te meta la lámpara por el culo. Lo piensas. Allá va la pregunta.

-¿Quién eres? ¿Dios? ¿La esquizofrenia?

-Tú sabes quién soy.

Y a mí no se me pudo volver a poner dura

Era un sueño. De eso estoy seguro, porque la última vez que cerré los ojos estaba tan colocado que apenas podía alcanzar a sentir la punta de los dedos de mis pies. En un momento me trasladé a un mundo distinto, pero cercano. Había estado allí. Quiero volver allí joder. Hacia buen tiempo, con ese viento fresco que se te cuela entre los dedos cuando hace algo de calor. Era un lugar de esos que te hacen sentir bien simplemente porque no están llenos de jodidos recuerdos que hacen que tu cabeza sea cada vez más inútil. Estaba plantado allí. Acaba de nacer.

Apenas di dos pasos y la vi. Era mi diosa con vestido blanco. Recuerdo que no hice nada más que acercarme y besarla, y mientras hacía eso me preguntaba porque lo hacía, y que si yo mismo viera eso desde fuera me daría tanta pena que me perdería el respeto. Ella no quería. No la culpo. Sigo intentándolo. Agarro su suave cuello para acercarme y sentir su respiración. Aire caliente. No recuerdo que la dije. Solo recuerdo que al final estaba tragando su saliva. Joder. Ojala recordara aquello que la dije…

Solo buscábamos saciar esa fuerza que nace por debajo de la cintura con una potencia increíble y que no puedes frenar hasta que la frenas. Creo que me la hubiese tirado encima de aquel carrito de bebé, pero por lo que se ve eso no está ni aceptado en los sueños. Sabes que es un sueño y ni siquiera puedes manipularlo, ¿de qué cojones va esto? Por una parte deseaba que ese sueño no terminara jamás, estaba con ella. Por otra parte quería despertar, despertarme con ella a mi lado y hacer temblar los cimientos de esta mierda de sitio, pero el momento más realista del día te llega en ese estado de vigilia en el que sabes que estas durmiendo pero estás dormido. Creo que las guerra terminarían si los políticos negociaran en ese estado.

No podía parar de mirarla. Esa mirada no se explica, se interpreta. Se interpreta en forma de erección. Creo que el infierno debe estar lleno de chicas como ella. Espera. Joder, creí que lo tenía. La mejor de las frases. Seguimos caminando por aquel lugar tan familiar y nuevo a la vez. No. No. No. Creo que estoy despierto. Otra vez aquí. En serio. Creo que no había sido tan feliz en mi vida, y segundos después, tan desgraciado.

Intentas volver a dormirte, volver a buscarla con la intención de que no se haya movido de tu hipotálamo y aun permanezca esperándote, a ser posible con un buen vaso de whisky y una cama manchada de vino. Pero no está. En su lugar te encuentras con cosas peores, aunque a su lado sea todo peor. Te encuentras con una frígida. Una virgen. Un libro mojado. Tu felicidad en un diploma. Un puente por el que tirarte. Un elefante. Un elefante que baila. Un paraguas que no vuela. O peor aún, a tu padre.

Creo que debería morirme, seguro que está allí, donde quiera que sea ese lugar. Prefiero una muerte jodidamente dolorosa a seguir viviendo aquí viendo la misma cara de todo lo que significó algún día y que se ha convertido en algo peor que la iglesia católica. El odio. El asco. Las ganas de follártela con cuero. Eso es lo que es ahora. Nunca fue menos y siempre fue más. Vas a morirte. Morirte en vida que es mucho peor que la muerte de la que tanto habíamos hablado.

El número 16

Acaba de llegar a esa ciudad. Era como el Nueva Orleans a la europea, aunque nunca he estado en Nueva Orleans. Llovía, asique allí debe llover. Para variar no tenía más que monedas en el bolsillo, apenas rozaba para pagar una noche en aquella diminuta pensión. Las pensiones son para pobres, pero tienen estilo, sobre todo si no tienen más señalización que un cartel en un tercer piso de un edificio de esos que sobrevivieron a la guerra, aunque no se a qué guerra. Llevaba mi maleta al hombro. Totalmente mojada, aunque no llevaba más que papeles, papeles mojados.

Subí las escaleras de aquel antro y tras llamar a la puerta me abrió una mujer. Vieja. No era como esas argentinas cachondas que te tocan a veces. Simplemente iba a lo que iba. Le di el precio de la habitación por noche, dejé mis cosas y me bajé a comprar una botella de vino, para hacer cultura. Al volver, apoyada en mi puerta había una mujer. Era alta, no tanto como yo. Estaba gorda, tenía unas piernas muy anchas, unas piernas que no paraba de mostrar. Iba muy maquillada, y aparte de ser rubia, era puta. Le dije que no tenía dinero, y me dijo que no importaba. Aun así no me hizo ni jodido caso. Cuando abrí la puerta, antes de que pudiera darme cuenta, estaba dentro de mi habitación.

Abrí mi botella de vino. Solo quería emborracharme. Ella o ello se sentó en mi cama. Creo que intentaba insinuarse. Yo pasaba. No paraba de enseñar sus piernas. Eran rubenescas, como los cuadros de Rubens. De no haber sido por su gran barriga le hubiese visto de lleno todo, hasta su oculto vello púbico. Empezó a acercarse. Yo estaba distante. Tenía ganas de follar, pero joder, no con ella. De repente se quitó el vestido que llevaba y se quedó desnuda. Dios, no era bonito.

Lo que paso a continuación tampoco fue bonito. Se pegó a mí como un defensa a un delantero y se puso de rodillas. Me bajo la cremallera de mis pantalones y me la sacó. Yo ya estaba borracho, pero no tanto. Me resistía, pero era increíblemente fuerte. Me arranco absolutamente los pantalones y empezó a chupármela. No era chupar, era algo peor. Parece que se la quisiera tragar o algo así. Yo solo podía pensar que no podía correrme, lo consideraba caer muy bajo. Cada vez que me resistía un poco ella me agarra los huevos y después me lo mordía, como si intentara castrarme. No hablaba.

Comencé a gritar. No. No. Solo decía eso. Pero cuanto más hablaba, más fuerte me daba. No era placer. Nunca lo fue, era dolor. Solo quería quitarme eso de entre mis piernas. Ojala la hubiese tenido más pequeña. Era insoportable. No paraba de gritar. Ni siquiera sé cómo se me pudo poner dura. Ya está. Me corrí. Me desmayé. Lo siguiente que recuerdo es un sonido de portazo. Al día siguiente me desperté. No era resaca, era algo peor. Si hubiese podido abortar, lo hubiera hecho.

Wonderful world ?