Paint it Black

Llegó el tercer mes de guerra. Los últimos cinco días no había parado de llover y el pelotón estaba muy dañado. Había múltiples heridos y mutilados después de la ultima emboscada. Habían fallado demasiado en sus ofensivas, pero el General Swartz no se planteaba una retirada, nunca lo hizo… Podría haber perdido muchas batallas, tener a medio ejercito en la enfermería pero nunca perdió de vista la gran guerra. Cada día era una nueva batalla, y no se rendía. ¿Y porqué no dar un último gran golpe antes del final? No sabía si merecía la pena. Los grandes estrategas fueron recordados más por sus derrotas que por sus victorias… No quería ser otro Napoleón más en la historia llena de personajes mediocres sin aspiraciones…

Una mañana se levantó y se dirigió a sus hombres. Continuaba lloviendo pero eso no le impidió hacer lo que llevaba persiguiendo tanto tiempo. No pensaba en nada más. Solo en no quedarse con la sensación de poder haber hecho más. La peor sensación que existe en el mundo… Organizó a todas sus tropas y marcharon a la aventura. Todo estaba medido con una exactitud de relojero suizo. Nada se había dejado a la improvisación, aunque a veces era eso lo que le había sacado de algún que otro apuro. Divisaron a los enemigos y se dirigieron hacia ellos… – ¡Al ataque muchachos y…! ¿Qué pasó?

El General despertó días después en su país, o eso creía. Todo era diferente. Había un aroma de tranquilidad, como debe ser cuando te mueres… Pero no lo estaba… Solo sabía que no tenía esa sensación. Por lo tanto, estaba feliz, reconfortado. El no lo había hecho mal… Pero el no saber si lo había conseguido o no le estaba matando por dentro. ¿Todo ese esfuerzo mereció la pena?

No se como sucedió pero sucedió. De un día para otro. Fue por algo que dije, y todo llegó a su fin. Y fue por algo que escribí, que todo volvió a empezar. Yo escribo y tú me lees, formamos un buen equipo, pero no es suficiente. La indiferencia me mata. Soy un estupido. Pero tú lo eres más. No es como una novela de Tolkien, donde en el peor de los momentos para los buenos aparecerá un ejercito de aves blancas que cegarán al enemigo, cuando estábamos rodeados y apunto de caer al abismo. Simple por fuera, terriblemente complicado por dentro…

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