Sólo eso.

Llegó a casa con la cabeza abajo, con una mezcla entre tristeza e ira. Totalmente calado por la lluvia que estaba cayendo allá fuera. Las luces dominaban la ciudad, un tipo especial de luces para una época especial del año. En casa no le esperaba nadie. Estaba fría, oscura y parecía aun más grande de lo que era. No se oía nada, no se oía a nadie… Entró en su habitación, no pudo encender la luz porque no había corriente eléctrica, tal vez las luces de ahí fuera estaban absorbiendo toda la energía. No le quedo más remedio que encender unas velas, con un cierto aroma a canela, por una serie de puntos de la casa mientras se cambiaba su empapada ropa.

-¿Cómo he llegado hasta aquí? Era lo que no paraba de preguntarse una y otra vez. Nunca tuvo miedo a nada, nunca se sintió solo, pero tal vez esa noche lo iba a sentir por primera vez. El silencia era tan sepulcral que daba miedo de lo extraño y anormal que era. Voces, gritos, risas… era lo que continuamente escuchaba, llegaba a ser hasta estridente, pero comparado con lo que estaba experimentando en ese momento era lo que prefería…

Poco a poco las nubes se fueron marchando, y dieron paso a la noche estrellada que tocaba, pero apenas podía disfrutarse por el exceso de iluminación que había en la ciudad. Cuando la luz es la que domina todos nos sentimos muchos mejores, sin más razón que esa misma. Se puso la bufanda, sus guantes de lana mojada y su cazadora de cuero corta y salió a la calle. Comenzó andar y se cruzaba con gente que no conocía, que no había visto nunca y que tal vez nunca más volvería a verla. Ni siquiera le miraban. Era todo tan raro…

Una especia de síndrome, de ausencia. Como si fuera un fantasma… Pero no, no podía ser. – Yo estoy como siempre, son ellos. Era lo que no paraba de repetirse una y otra vez con el fin de convencerse a si mismo. Escuchaba ruidos, oía voces, pero no las entendía. Tenía una sensación muy extraña, como si volara. Entonces decidió ir a casa, con su familia. Según iba caminando la lluvia volvió, y cada vez con más fuerza, no paraba de arreciar. No paraba de buscar, de intentar decirle algo. Cuando entró en su casa todos estaban llorando, faltaba algo, faltaba alguien, el no entendía nada, y aun sigue sin hacerlo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s