La última manga.

Es un viernes noche, los muchachos se reúnen en casa del gran Jimmy para jugar una pequeña partida de póker. La partida empieza a las diez en punto, como cada viernes desde no se sabe hace cuanto tiempo. Entran en la sala de juegos que construyo Jimmy para este tipo de variedades, donde no hay más que una pequeña mesa circular bajo una lámpara con una gran bombilla de color naranja. A la derecha, una pequeña barra de bar con unas cuantas viejas botellas abiertas y un grifo de cerveza. Se empieza a crear el ambiente.

Todos los amigos empiezan a llegar, puntuales como siempre, a aquella pequeña casa de las afueras de la ciudad. Se sirven unos pequeños aperitivos, un poco de alcohol y los cigarrillos y puros comienzan a prenderse desprendiendo su humo, que se ve como se pierde sobre la bombilla de aquella antigua pero vistosa lámpara.

-¿Listos para perder todos vuestros dólares?- Dijo el anfitrión. Y es que aunque en principio fuera una pequeña reunión de buenos amigos que se realiza cada semana, siempre acababa yendo mucho más allá, convirtiéndose en una timba donde se realizaban grandes apuestas.

-Deja de fanfarronear Jimmy, la semana pasada tuviste mucha suerte, – dijo uno de los invitados. Las cartas comienzan a moverse, la baraja entre los dedos se mueve a una gran velocidad. Póker de siete manos, simplemente puedes mostrar tus cinco mejores cartas y esperar a que tus oponentes hayan tenido peor suerte que tú. Las apuestas sobre la mesa. Se comienza con unos veinte dólares, pero todos saben que todo irá subiendo y calentándose a medida que vaya avanzando la noche.

Hank era nuevo en la pandilla, y era la primera vez que iba a este tipo de reuniones. Estaba muy impresionado por la seriedad con que se lo tomaban sus nuevos amigos. Y si, acaba de llegar, pero no por eso iba a ser un blando con los que ahora eran sus rivales. La noche avanzaba, y se sentía en racha, parece que le iban saliendo bien las cosas: Sus cartas eran las idóneas, sus enemigos se tragaban sus faroles y parecía que esa racha no iba a tener fin, ¿o sí?

-Última manga y terminamos.- dijo con voz cansada Jimmy. Había sido una buena noche para Hank, o eso, o es que había sido una mala noche para el resto, pero no pensaba en eso, solo pensaba en ganar su última mano. Se comienzan a repartir las cartas, y el recién llegado parece que tiene una buena mano para realizar una gran jugada y hacerse con la victoria final, aunque eso si, cuenta con la siempre presente desventaja de no saber que tienen sus amigos entre sus manos.

-Apuesto 30- dijo Hank. – Lo veo, Si yo también lo veo, y yo voy a pasar… dijeron sus colegas.

-Tengo una buena mano, esta ultima tiene que ser para mí.- pensó mientras jugaba con sus cartas y procuraba no alterar su rostro para que no le delatara su, según el, maravillosa jugada. Comenzaron a picarse él y el anfitrión, subiendo y subiendo uno y otro las apuestas que ponían sobre la mesa el uno y el otro. Sus amigos estaban alucinando, nunca habían llegado a tal extremo. Se estaban jugando mucho, se estaban jugando perder mucho. La diferencia es que Jimmy lo veía así, mientras que el bueno de Hank lo veía completamente al revés, solo se imaginaba en que se podía gastar el dinero que iba a ganar a continuación.

Todo subió hasta que no puedo hacerlo más, era la hora de que ambos jugadores dieran la vuelta a sus cartas y descubrieran su jugada. Ambos decidieron jugar, ninguno quería perder, uno pensaba en ganar y el otro en que podría salir derrotado, y todo terminó. Esas tensiones vividas en los minutos anteriores habían desembocado en una calma tensa donde ninguno podía parar de mirarse mientras buscaban una pequeña señal en la cara del otro para confirmar su buena jugada…

Es cierto, yo se las cartas que tenían, quien ganó y quien perdió. Quien volvió a casa esbozando una sonrisa y algo más, y quien con un cierto y horrible pesimismo de haberse equivocado en algo que parecía tan obvio, pero con una sensación de haber hecho lo correcto. Esas cartas en realidad no eran naipes fabricadas en un país sudasiático y firmadas por un tal Fournier. Esos jugadores en realidad no eran como se acaban de pintar. Nada era lo que parecía. Nada es lo que parece. Pon cara de póker y empieza a jugar…

Tempestades.

Todo había pasado. La tormenta parece que había llegado a su fin, aunque sus consecuencias eran terribles. Tardarían años en reconstruir los desperfectos. Aquel sitio donde les gustaba sentarse a hablar de sus cosas, aquel parque que les vio pasear… todo estaba destrozado, pero no era momento de venirse abajo. Eso nunca sirve para nada, y si tan importante era para ellos aquel precioso y único lugar más valiese que empezaran cuanto antes.

– ¿Pero y si dentro de unos años, o unos meses, vuelve a pasar una catástrofe cómo ésta?

– Pues volveremos a empezar, y así una y otra y otra vez…

Y es que esto es lo fácil, lo que es fácil es saber lo que se tiene que hacer después, lo complicado viene cuando empiezas a buscar el camino, la manera de como hacerlo. Todo fluye, las cosas tienden a la simetría, a igualarse y a estar como deben estar, por eso no tenían que preocuparse. La pregunta es ¿Si esto es cierto y lo aceptamos, significa que no podemos hacer nada, que nos tenemos que quedar quietos esperando a que todo surja? No, claro que no. Tienes que hacer algo, aunque sea lo más difícil que te haya tocado hacer. Y tienes que hacerlo con tan sumo cuidado que nadie de los que estén a tu alrededor se den cuenta, y mucho menos quien debe hacerlo.

Todo esto no es más que crear un ambiente acogedor, donde haga que la señora confianza se tire al señor miedo, es más, que llegue al punto de sodomizarle. Es el progreso continuo y persistente de hacer desaparecer ese miedo a fallar que te impide jugar, y que te puede privar de muchas, y extraordinarias cosas y lugares. Puedes intentarlo, pero mucha gente intenta muchas cosas todos los días y no lo consigue. O directamente puedes hacerlo, y no hay mejor manera que predicar con el ejemplo…

El peligro es que todo gira en torno al mismo eje, y que no existe ninguna droga llamada novocaine que te haga olvidar los malos recuerdos. No te preocupes, todo saldrá bien, da igual lo que pase, las tormentas y huracanes que se llegue a sufrir, porque hay cosas que son para siempre, que da igual como las alteres, que da igual arriesgarse y fallar, porque simplemente todo permanecerá. Es hora de empezar a jugar… Lo complicado es saber si el huracán terminó o tan solo estamos justo debajo de su ojo…

Fünf Monate.

Soy estúpido. Eso es algo que sabes, eso es algo que ves. Es lo único que te demuestro últimamente. Además de eso, soy un ególatra, eso creo que también te suena. Soy tan narcisista que hay días que por lo único que me preocupo es porque mi pelo este bien peinado. Creo que yo sólo podría mantener a flote el mercado de espejos a nivel mundial. Soy tan estúpido que me pongo un sobrenombre y hablo en tercera persona cuando en realidad sabes que estoy hablando de mí. Eso es todo, me has calado, y por ello te doy la enhorabuena. No es fácil ser así, pero se que no lo cambiaria. Soy capaz de insultarme sino consigo algunas cosas, y nunca nadie podrá exigirme más de lo que me lo hago yo, pero… ¿Cómo entonces puedo llegar a crear esas cosas tan brillantes del interior de mi cabeza, y a la vez ser un capullo integral? Es el medio, es la historia la que te condiciona. Es lo que ves cuando creces.

Pero nada ha sido fácil. Ahora mismo es como si el mejor de los matemáticos intentara convencerme de que dos más dos no son cuatro. Los sentidos te engañan, y todo tiene explicación. En realidad el cielo no es azul. En realidad nunca podría llegar a odiarte. Podría volver a hablar omniscientemente pero daría igual, descubrirías todo. Se que me leerás, aunque no se cuando, como lo hecho yo. También se que no me lo harás saber, ni que me sonreirás en una temporada, ¿Por qué? No lo se. Simplemente eres capaz de sacar lo mejor y lo peor de mí. Pero es que esa mirada tiene lo que tiene… y más si va con esa sonrisa…

La publicidad aunque mala siempre es buena. Que hablen de ti, aunque lo hagan mal pero que hablen. Hay mil cosas que no entiendo, hay otras mil que no me atrevo a preguntar y unas dos mil respuestas con las que me darían ganas de hacer la maleta, irme lo más lejos posible y no volver a verte jamás. Después de todo, no estarás aquí por mucho tiempo, y la pregunta es… ¿Hasta entonces qué? No puedo obligarte a sentir algo que no tienes, algo que no sientes, o que al menos no te la quieres jugar por que tal vez perderías demasiado. En eso cada uno está en un extremo. No podré quitarte ese sentimiento de arrepentimiento el día que te llegue, pero yo tampoco. Solo se que al final me daré cuenta de que todo es una perdida de tiempo.

Madrugar es una mierda. No le veo nada bueno, y en días como hoy menos. Encima está lloviendo… Lo único que sirve es para pensar demasiado. Hoy he pensado el ochenta por ciento del día en ti, pero no eras tú. No paraba de preguntarme que estarías haciendo, y en que estarías pensado. La empatía no esta entre mis mejores virtudes, es cierto. Pero nunca más vuelvas a pensar que no pienso en lo que necesitas, lo que buscas… Creía que lo estaba haciendo bien, que todo esto lo único que iba hacer era a convertirse en algo impresionante. Pero fallé. ¿Y ahora qué me queda? ¿Y ahora qué te queda…?

Oscar Wilde dijo que la amistad entre un hombre y una mujer es imposible, y coincido. Nunca podría tener una relación contigo como con la que tengo con mi mejor amigo. Nunca hemos hablado de ciertas cosas… ¿Pero por qué? Lo único que puedo hacer es pedirte que juguemos a una cosa: Hacer como si nada de esto hubiera pasado, yo me trago todo, tú me dices lo que quieres, yo lo cumplo y tú conviertes tus futuros en nuncas. ¿Crees que así todo seria más fácil? Si la respuesta es si, empieza a mover porque yo aun no sabría por donde empezar…

Simplemente lo he hecho lo mejor que he podido, lo mejor que he sabido, y no lo he conseguido. He sido eso… ¿Qué es lo que era? Por que solo quiero ser una cosa, y no la soy. Bien, has ganado. Simplemente pide lo que quieras, no pienses en mí y pídelo. Te lo has ganado.

Tres Días.

Necesitó muchos más para darse cuenta de aquello. Necesitó la mitad para asumir que eso era algo grande. Y necesitará el doble más uno para saber como reaccionar. Podría escribir un libro sobre ello, una canción o lo que fuera… algo que impresionaría al mundo tan solo sacando sus infiernos interiores, pero no. Pero daría igual, eso es lo que pasaría, que todo seguiría igual, nada nuevo. Era un tipo reservado, sabía cuidarse de si mismo, aunque después de aquello todo iba a ser más difícil. Saber que de un día para otro podía cambiar todo, absolutamente todo y sentirse el más grande de todos, o el más grande de los fracasados. Y el final no fue el más feliz ni mucho menos… ¿Pero era en realidad el final?

Racional porque razona. Sentimental porque siente. Es algo más pero se siente como algo menos, como el último de todos. Al fin de al cabo el segundo es el primero de los perdedores. La parte que le decía déjalo todo, tienes escusa. Mientras la otra parte le decía que eso no era más que una piedra en el zapato. ¿Duele? Si no lo hiciera, nada de esto hubiera tenido sentido. El miedo ante el gran momento, la sensación de estar ante eso que has perseguido durante no tanto tiempo. ¿Estás asustado? Siempre has tenido miedo a asumir ciertas cosas, y el renunciar a ciertas oportunidades, pero nunca llegarás tarde a ciertos sitios… Darte cuenta que dando primero sales más dañado, se te quitan las ganas de volver a intentarlo…

No le gustaba lo fácil. Es verdad que todo sabe mejor si te ha costado lograrlo, y hay ciertas cosas que no cambiaria por nada, y otras que está deseando hacerlo… Pero lo peor de todo es que a la mañana siguiente se despertaría sonriendo, sonriendo unos cuatro segundos hasta que se diera cuenta porque se levanta donde se levanta y rodeado de lo que le está rodeando. Tres días era lo único que pedía, tres días, es de lo que se arrepiente, de esos tres días.

Perderme y luego ser encontrado. Devolver ese regalo que un día recibiste. En realidad hay tiempo para todo. ¿Qué es lo qué vas a pensar? Está la izquierda y la derecha, el blanco y el negro o la alegría y la tristeza. Están las dos mitades y no puedes estar sobre la línea, porque entonces no estás en ningún sitio. Quemar tu mejor obra, es quemarla porque al leerla la odias tanto que no sabes como pudiste a llegar a escribir algo así. Pero no es odio…es exceso.

¿Ahora? Ayer ya no existe, y mañana aun tampoco. Nunca se rindió… pero para que se cumpla la regla tiene que existir la excepción… Pero no es el momento. Siempre hay que saber cuando es el momento. El momento es nunca. Todo vuelve a empezar.