Espera un momento

Tu. Esa es la palabra que más le gusta al ser humano. Es la típica respuesta que cuando la lees tu cara expresa una mueca y lo adornas con un ¡Ah, claro! Todo es más fácil con las soluciones debajo del folio. No es de extrañar, si por un momento cierras los ojos y piensas en todo lo que ha pasado exactamente en el último año tal vez te llegues a sorprender a ti mismo, o a darte cuenta de algo tan obvio como de que el cielo es azul y que solo hace falta levantar la cabeza para saberlo. Seguramente tu primera reacción seria ¿Ya ha pasado un año? La respuesta es tan cierta como preocupante, sí. Coges un blog de hojas amarillas y haces dos columnas, de pros y contras, de mejor y peor, de debe o de haber (esto no debería estar aquí…) o como sea, y haces eso que a los periodistas les gusta tanto hacer cuando se cumplen trescientos sesenta y cinco días de algo, balance. Si todo va normal estará más o menos equilibrado. Te darás cuenta de que estas un poco más gordo, o no, de que tu éxito con las mujeres ha aumentado, o no, y así sucesivamente hasta que llegues a una conclusión que algo así como el 83% de la gente lleva, por eso de que ser victima a largo plazo es más fácil que ser algo diferente, y es que hace un año te quitabas a las chicas de encima, sacabas buenas notas o eras más productivo en tu trabajo, en definitiva, eras más feliz. Pero, espera un momento… ¿Realmente lo eras? Y no contestes todavía.

Intentar aferrarte al pasado es casi tan difícil como boxear y jugar al ajedrez a la vez. Sientes esa cosa que empieza por N y termina por A, una sensación bastante horrible, aunque esté tan bien valorada, o sobrevalorada, y no me explico porque. ¿Y entonces? Entonces nada. Ahora haz otro ejercicio de reflexión, este menos cruel que el anterior. Imagina que por un día puedes hacer cualquier cosa que quisieras. Si esto es demasiado abstracto pruébalo con el ejemplo de mañana. Cuando estés paseando, en el metro o en un bar piensa que es lo que más te gustaría hacer en ese instante, por estúpido y descabellado que sea, da igual, es más, mejor aún. ¿Divertido no? ¿Al menos más que el resto de día que tuviste ayer no? Bien, al igual que pasa con la teoría del sacapuntas me gusta probar las cosas, básicamente porque cuando no tienes nada que perder todo está más suelto, empezando por ti. Creo que me lleve un par de trotazos, salí corriendo otras tantas y recibí cientos de malas miradas, pero no me importaba, simplemente me sentía bien, eso que últimamente suena tan de película de Coppola. Llamémoslo innovador.

¿Moraleja? La primera que unas cuantas palabras bien colocadas no pueden influenciarte a hacer ciertas cosas sino se pone de tu parte ¿Cierto? Otra es que una de las cosas más estúpidas que existen es aceptar consejos de todo el mundo. Y mi favorita, todo consiste en creérselo. ¿Y de ahí viene lo de creído no? Sí y no. Aunque suene pedante. El mejor atleta bate récords porque cree que puede hacerlo. El mejor dandy liga lo que quiere porque sabe, porque cree que puede hacerlo. Tal vez esto sea un poco aburrido… veámoslo con un pequeño cuento que se me ha ocurrido cuando debería esta haciendo otras cosas algo más productivas.

Hace unos años estaban tres obreros trabajando en el centro cuando un hombre les hizo la misma pregunta: ¿Qué estáis haciendo? Y la respuesta de cada uno de ellos daba una clara señal de cómo seria su futuro. El primero contestó: – Poniendo ladrillos. El segundo contestó: – Ganando 9,30 € la hora, y el tercero de ellos dijo: – Construyendo la mayor catedral del mundo. No hace falta decir quien de ellos tuvo más éxito, quien llego más lejos, quien fracaso por fijarse en lo superficial y quien quedo atrapado.

Puedes pasarte años buscando algo, y tenerlo tan cerca que no te das cuenta donde está. Busca la palabra clave.

Del tiempo, por favor

–         Buenas tardes señor, ¿Qué desea?

–         Una rosa, por favor.

–         Muy bien, ¿Y cómo la quiere? ¿Roja?

–         No, con espinas gracias…

Si algún día vais a una floristería, un día que no sea san Valentín o algún día de esos por favor, y os decidís a comprar una flor, pedirla con espinas. ¿Qué por qué? ¿Para pincharos o algo parecido? No no, ni mucho menos, tan solo para comprobar que hasta algo tan bonito como un clavel por ejemplo tienes su otro lado, que no malo. No se si alguna vez habéis paseado con una flor o un ramo de la mano, pero es algo extraordinario. Todas las mujeres te miran como pensando “que suerte tienen algunas…” y las chicas te sonríen e iluminan los ojos deseando que algún día un chico camine con un puñado de rosas hacia la puerta de su casa. Es algo que sube la moral.

La moral, bonita palabra. Si algo tan sencillo como llevar una simple flor en la mano consigue eso no puede ser tan difícil. En realidad lo que hace que se pinte una sonrisa en tu cara no es el hecho de llevar lo que llevas en la mano, sino lo que provoca esa acción. Si tu autoestima sube es porque el de las chicas, en este caso, han empezado a soñar o imaginar si esa flor fuera para ellas, y eso las ha ilusionado, lo que te convierte en alguien que provoca ilusión, supongo que es como se sentirán los vendedores de lotería en navidad.

¿Entonces… para que alcance un cierto estado de euforia tengo que hacer sentir bien a alguien que me rodea? Um, es una buena pregunta y tal vez que la respuesta sea sí. No hace mucho tiempo leí cuales eran las doce palabras que más le gusta oír al ser humano. Eran del tipo fácil, gratis, garantía, amor, ahorro, etc… ¿Y sabéis cuál era la primera? Porque yo sí. (…) Supongo que si llegas a ser capaz de utilizar esas doce palabras en una sola frase serás una especia de Santa Claus estival sin traje y barba pero que provoca una sensación parecida.

Un día te levantaras, como todos, pero algo será diferente, te sentirás diferente, no se te pegarán las sabanas y en vez de los ojos cerrados tendrás la boca abierta porque estarás sonriendo. De repente, empiezas a creer.

Porque Si en el fondo nunca pasa nada… ¿Por qué no intentarlo?

Academia

-Bueno… que decir… sólo que no me lo esperaba, y que es un gran honor para mí recibir ésta estatuilla que representa mi valía como actor, y prometo Bla Bla Bla…

Hasta los mejores actores cuando ganan un premio por su actuación en su última película siguen haciendo eso, actuar. ¿Es normal no? Con eso de que es su profesión puedes llegar a entender que fuera de las pantallas, en la vida real, sigan haciendo eso que tan bien se les da y que hasta les da de comer. Es curioso, pero sin ir más lejos, cualquiera puede realizar un papel digno del mejor George Clooney o del brillante Brad Pitt en Ocean´s. Esos grandes artistas, que incluso llegan a creerse su reparto. Es lógico que Clint Eastwood tenga una fama de huraño y distante cuando lleva toda su vida caracterizando a personajes con esos rasgos, aunque tal vez en la intimidad sea el hombre más afable de ese medio oeste que tan bien defendió en alguno de sus westerns.

A veces es como si fuera tan necesario actuar, o creerte actor que necesitas sentir que lo eres. Puede que te llegue a suceder esto por varios motivos…tal vez no te sientes bien contigo mismo, tal vez quieres crearte una fama o tal vez no quieres hacer daño a alguien, en cuyo caso dejas de ser Peter Parker para convertirte en Spiderman. Incluso llega a tener su gracia, lo suyo está en que no se descontrole.

Puede que añores algo, una sensación por ejemplo. Es la nostalgia, la maldita nostalgia. Esa emoción que te llega a convencer de que cualquier tiempo pasado fue mejor mientras miras el atardecer con un cigarrillo en la boca y escuchas las armonías y desmelodias de Moby. No puedes hacer nada. Todo se mueve y cambia a una velocidad más rápida aun de la que lleva la tierra girando alrededor del sol. Es simple. No puedes pretender que los océanos inunden la tierra, o que la luna se desvíe de su orbita por la misma razón que no puedes intentar parar el tiempo solo porque te guste todo tal y como está en ese momento, sino todo sería demasiado fácil, y a la vez, nadie se pondría de acuerdo de cómo hacerlo.

Llegas a comprender que por mucho que empujes la pared nunca podrás moverla. Es como la lección del elefante. Y cuando llegas ahí, simplemente dejas de intentarlo, y todo empieza a cambiar. ¿El eterno retorno? Es fácil ser filosofo y jugar a cambiar el mundo, tan sencillo que tienes que ser brillante para que por lo menos una minoría te llegue a tomar en serio. Todo se resume en un gran campo de tierra donde crecen flores que te vas encontrando con más o menos frecuencia, y eso es lo que marca la diferencia.

Ponte tu mejor traje, a ser posible de un color claro, coge un puro, una copa, unas gafas de sol caras, unos zapatos relucientes y pon tu mejor sonrisa, tal vez llegue a pasar algo interesante…

Viene de la pagina anterior.

Así es, una de las cinco. Todo esto viene de una extraña teoría elaborada a partir de un momento en el que todo pierde impulso y simplemente dejas que tus pensamientos rueden sobre tú boca como si fueran caramelos, mientras  tu mirada se pierde por el fondo de la habitación. Es algo así como la teoría de las aceitunas. No existen muchas personas especiales, y de hecho el término especial es tan subjetivo o más que el término bello, pero aun así todos tenemos una idea generalizada de lo que eso significa. El cinco es un número, está antes del seis y después del cuatro. Son el número de dedos que tenemos, es le tercer número primo, cinco son las líneas del pentagrama o cinco son los elementos que existen para muchas tradiciones, pero en este caso se viene a significar algo más.

Dicen que no puedes estar enamorada de más de una mujer, es una teoría, al igual que la que dice que no hay más de cinco personas en la tierra por las que estarías dispuesto a hacer casi cualquier cosa. Lógicamente esta lista va variando según pasa el tiempo, pero al igual que el tiempo, lo que no varia es el número de dicha lista. Tal vez esto sea una estupidez, pero cuando dejas de escribir para bloguear es lo que tiene, te dejas llevar.

Todo esto pasa el mismo día en que te das cuenta de que todo es tan aburrido que te quedan dos opciones: Asumir y resignar, o mi favorita, improvisar. De ahí es de donde las ideas e historias más fascinantes. ¿Sabes qué? Lo hacen artistas, cantantes, cómicos o inversores. La gracia está en que no sabes como va a salir. Tenerlo todo planeado es tan frustrante como intentar escapar de un pozo, las cosas nunca salen como quieres, lo único que intentas es acercarte lo máximo posible a esa idea, pero no deja de ser una imitación de algo tan volátil como una idea. Es difícil no pensar, aunque a veces parezca al revés, pero cometer alguna estupidez en dos días puede conseguir tenerte entretenido contando como paso los cinco días siguientes.

Nadie puede enseñarte a vivir, ni nadie puede decirte que estás equivocado hasta que te das cuenta. Te das cuenta de que eres demasiado dramático, que estás demasiado gordo o que ya no te importa nada, simplemente pasa, un martes cualquiera decides que se acabó.

Déjalo, no te encontraras, pero yo sigo viéndote en todas partes.

Tú persona favorita

Todo empezó hace no mucho tiempo, en un lugar no muy lejano de aquí y con una coyuntura no muy diferente a la actual. En el fondo nunca pasa nada es una frase que resume bastante bien una filosofía de vida, una un poco aburrida, eso sí. Existen unas seis mil maneras diferentes de morir, y en éste tiempo me he dado cuenta de que la gente realmente interesante muere por sobredosis o por una muerte realmente estúpida, eso da que pensar, asíque ¿Por qué no morir por tomar demasiado de alguna sustancia rara e incoherente? No tiene sentido, tienes que morir cuando sientas que ya has hecho todo lo que tenias que hacer. El señor Jackson o el señor Presley lo tenían todo, supongo que llego a ser alineante, lo único que hicieron fue dar el paso a leyenda.

Y es eso, una leyenda. Puedes apuntar tan bajo que cuando dispares y des en el blanco a nadie le importará, pasaría exactamente lo mismo si hubieras fallado, nada. En cambio, si lo haces al revés, el resultado podrá ser uno u otro, pero haberlo intentado seguro que habrá merecido la pena, o al menos habrá tenido gracia, cualquier tipo de gracia. Por ejemplo, intenta fabricarte un cohete tu mismo y viajar a la luna. Reúnete con ingenieros, empresarios que te financien y trabaja meses, tal vez años, cuando lo intentes, si lo consigues, serás una leyenda, en cambio si fracasas también, aunque eso si, una leyenda  muerta, pero eso es lo de menos. Por eso hay dos clases de personas: Las que lo intentan y las que lo hacen, las que esquivan o las que contraatacan, las soñadoras o las realistas (mismo que decir aburridas) y mi favorita, ella.

No hace mucho leí que el 87% de las cosas que nos preocupan no llegan a pasar nunca, y del 13% restante que llega a suceder no tenemos control o decisión sobre el 6%, por lo que nos queda un interesante 7% que hace que afloren fantasmas, y lo que no son fantasmas, en esas personas que no paran de preguntarse por qué no son diferentes (exacto, intentan cambiar pero no lo hacen, a veces ni eso). Pero después de todo esto son números, nada más que eso. Queda algo raro, un ideal de persona tan raro y sobre todo especial como el encontrar a una virgen de 50 años, pero ahí hasta la gracia de todo esto, no sabríamos si alguien es alto sin haber visto antes a un montón de personas bajitas.

Por eso conocerás cientos de personas, gente muy diferente a ti y otra muy igual. Viajarás, experimentarás u olvidarás ciertas cosas, otras ni la droga más dura y mejor diseñada del mundo podría llegar a hacerlo. Descubrirás que es mejor la arrogancia que la falsa modestia, y que hasta llega a tener su encanto. También desearas volver atrás, pero no podrás, está dentro de ese 87%, así que no te preocupes. Mastica chicle, baila, canta, haz algo que temas, piensa en ti, borra lo que no te guste de tu pasado y saca brillo a lo que sí.

Pero por mucho que cambien las cosas te seguirás haciendo la misma pregunta cada vez que lo pienses, ¿Cómo lo hace? Es una de las cinco…

(Continuará)