Seis, siete, ocho y…

Suenan esos violines que parecen hasta desafinados, entra el piano, y a continuación, esa particular voz. Llegaste a escuchar una canción tantas veces que pierde su sentido, la letra comienza a carecer de mensaje y se empieza a convertir en una melodía totalmente vacía, como si escucharas el continuo caer de una gota de agua. Exacto, eso es lo que suele pasar, pero no siempre, y cuando no pasa, es por algo. Empiezas a llamarla “canción favorita” o algo parecido, a escucharla cuando estas bajo, o si quieres motivarte. Porque si ha llegado a alcanzar ese punto es por algo. Te acerca a momentos, a menudo a personas, y juntándolos a momento y a personas, que es mejor combinación que todos y cada uno de los cocktails que vayas a probar en tu vida. Y si, te estoy comparando con una canción, pero no con una buena, sino con la mejor de todas.

Podría subir al cielo y decirle a los mejores músicos de la historia que montaran una banda. Que pueden tocar en el garaje de Bob Marley, que John Lennon ponga los instrumentos y Freddy Mercury la voz. Pero necesitaría lo más importante para hacer de ese equipo una leyenda, pero tengo que pensar que… aunque en el fondo ya lo se. Si tres de cuatro veces hacemos o resolvemos un problema con lo primero que se nos ocurre, creo que esta vez no será menos. Lo primero que te viene a la cabeza cuando te levantas suele tener algo especial. Comienzas a estirarte y a pensar que tienes que hacer hoy, y si, hoy es martes, te frotas los ojos y sonríes. Puede que la mejor sensación de todas llegue cuando sepas que realmente tienes un fin que compartir, que dominas la situación y que todo depende de ti, y cuando estas en racha, es la mejor noticia que puedes recibir. Para lo único que no hay tiempo es para aburrirse.

Los dedos se deslizan por el teclado, que no por el papel con un bolígrafo entre ellos, como si de hielo se trataran. Podrías llegar a escribir la canción más larga y con mejor rima de todas, que a la vez sea la más bonita y emocionante que nunca se escribió. Un libro que se convierta en el más vendido, superando a la divertida biblia, además de tener un número de paginas tan grande como las veces que te puedo llegar a pensar. Pero no te preocupes, estés donde estés, siempre te preguntarás que estoy haciendo en ese momento, si pienso en ti y realmente como me va cuando todo sigue girando pero tu no lo haces conmigo, pero pensarte es como montar en bici, nunca se olvida…

Hay cosas que no se pueden destruir. Cosas irrompibles, incorruptibles y totalmente puras. Pero te voy a volver a proponer un pacto, tu puedes hacer lo que quieras, pero yo ya he decidido que hacer con él, y es que te prometo que no te echaré de menos. ¿Qué me dices?

Y si, lo único que se necesita es la inspiración, pero esa de momento la pone tu sonrisa…

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Te toca

Hubo un día en el que deje de escribir para comenzar a escribirte, entonces me di cuenta de que había algo raro. Después empecé a jugar, a jugar a un juego en el que valía todo y después de cada intento todo volvía a empezar, como si todo lo anterior nunca hubiera existido. Tienes miedo, ese continuo miedo a repetirte, a que llegue la noche en la que pienses que no puedes ofrecer nada nuevo y pases a ser un recuerdo, el paso de realidad a recuerdo. Todo cambia y fluye. El momento, los ríos o la sangre, cada uno a su estilo y con su particular belleza. Intentas escribir algo tan elaborado y escabroso para que solo lo llegue a entender una minoría. Lo conviertes todo en una prueba, un desafío que tan solo unos pocos superaran. Y ahora creo que has batido todos y cada uno de los récords anteriormente establecidos.

Podríamos inventarnos cientos de normas estúpidas, otros miles de pactos de esos que incluyen mirada especial y aprobar unas normas que nunca llegaríamos a cumplir. Podríamos hacer desaparecer esa continua anarquía en la que estamos sumergidos para empezar a construir una convivencia que todo lo que la entorpeciera fuera sancionado o penado. Pero al final, nada tendría sentido. Se puede llegar a pensar que romper tus ideales, todo aquello en lo que has creído, que no lo que has sentido, puede llegar a ser un tanto hipócrita, pero es una de las cosas más valientes que hay junto a admitir errores o contar lo que sientes. Hay muchos valientes, hay pocos temerarios.

Es una noche de inspiración, todo nos sale bien y queremos probar cosas que nunca nos atreveríamos a hacer, pero justo hoy, nos sentimos invencibles, y eso implica en todo su esplendor el convertirte en ello. Es una de esas noches en las que Beethoven compuso sus diez sinfonías, Michael Jordan creaba arte a su manera o Martin Luther King cogía una pluma y escribia cosas que, recitadas, cambiaban la historia de la humanidad. Simplemente te dejas llevar y piensas que mañana no existe, o que está tan lejos que cuando llegue ya nada tendrá el sentido que tiene hoy, que tiene ahora. Tus palabras se convierten en música, tus dedos en el mejor de los instrumentos y el alcohol en un elixir solo al alcance de los dioses más poderosos. Todo te da tantas vueltas y tienes un total desconocimiento de lo que te pasa, y aun más de lo que te va a pasar, que llega a ser divertido, a veces, incluso cómico.

No sabes que hora es, no tienes ni hambre ni sueño y ninguna señal que te niegue esa sensación. Si bien nunca has estado en el cielo, ni siquiera crees en él, eso es lo más parecido que los que tienen aun fe llaman paraíso terrenal. Empezó como una nota de suicidio y terminó siendo una de las mejores obras de la historia, ni siquiera tenia esa intención, simplemente apareció. Me gusta equivocarme, llamas la atención y tienes cosas interesantes en las que pensar, y creo que seguiré haciéndolo, se me da demasiado bien como para intentar otra cosa…

Somos unos mentirosos.