Stop and reverse…

Todo era tan raro y surrealista que de extraño y repetido que era llegaba a ser normal. Se convertía en la ganas de no ser feliz y concentrarse en todo lo malo, olvidándose de todo aquello que te hace sonreír. Sonreír, esa es la palabra. Nadie puede pretender dibujar una sonrisa a todo el mundo, por el mismo motivo que no puedes votar a dos partidos políticos diferentes en unas mismas elecciones, de ahí lo de que el que mucho abarca poco aprieta. Pero no pasa nada, nunca pasa, ese es el problema, y da igual que te jodan el karma o te hagan la zancadilla, seguirá sin pasar nada. Como si tomaras drogas para evadirte y te recuerden cada momento donde estas y la realidad que estas viviendo, no dejándote llevar a un sitio mejor y más intimo. Pero no es la definición de rendición, o de resignación todo lo que esto atañe, es la de superación e inconformismo, aunque tengas que romper las reglas una vez más y nadie te ayude a hacerlo. Hace tiempo que te cuesta sentirte bien, que todo a tu alrededor gira muy deprisa pero el tiempo apenas avanza. Te sientes viejo y maduro, pero sigues teniendo la misma edad.

Es la inteligencia emocional lo que distingue a todo el mundo, no la otra, por eso es tan difícil darte cuenta si vales veinte o treinta, si es que realmente se puede medir algo tan abstracto, si no es en una situación límite, cosa que no se puede forzar. Creo que le excitaban los problemas y todo lo que los rodea, por eso lo único que puede hacer que deje de luchar es conseguir lo que quiere, y todo se resume a que dedicaba su tiempo a dos únicas cosas, totalmente implícito. Entonces volvía todo a ser igual que antes, se había acabado el vinilo y tocaba volverlo a empezar, solo que ahora ya sabias las canciones que sonarían, por lo tanto no habría sorpresas y todo sería más aburrido de lo que era al inicio.

¿Pero podría llegar a cambiar? Por lo menos estaba comenzando a perder las ganas de ciertas cosas que antes eran algo prioritario, supongo que así es como caen los grandes imperios, todo empieza por una enfermiza dejadez. Si le pidieran que escribiera en una servilleta las cinco cosas que le hacen más feliz tal vez tendría que replantearse algunas cosas, tachar unas, escribir otras, o tal vez dejar huecos en blanco, algo tan triste como real. Es el mundo real. No existe, todo es una gran mentira, y lo único que tiene presencia es la manera de ver las cosas, de evitar otras y disfrutar de lo que realmente merece la pena hacerlo. Todo era una gran mentira…

Necesito algo, no se que es, pero necesito algo. Y lo peor de todo es no saber que es…

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Ahora y… ahora.

Era un tipo peculiar, aun sin acordarse de quien era ya se había dado cuenta de eso. Cuando despertó sólo tenia en su bolsillo una entrada de cine de una película que se había estrenado unos diez años atrás, la entrada a un casino de una ciudad que no recuerda haber visitado y una misteriosa tendencia al negro, al negro y a los números impares. No tenía recuerdo alguno, sólo imágenes, flashes y sensaciones. Sabia que música le gustaba y cual no, que prefería la playa a la montaña o que se sentía más atraído por las chicas morenas de lo que se sentía por las rubias. Pero no sabía nada, solo lo que decían, exactamente igual que antes. Debe ser una sensación parecida a la de viajar en el tiempo, miras un calendario, y de repente piensas que has estado haciendo todo ese tiempo intermedio desde la última vez que echaste un vistazo a ver que día era y que se te venía por delante. Con tan pocas pistas de su pasado, ni el ingenio británico del detective Holmes, o la planta del tan americano Bond podrían haber sacado alguna conclusión relevante. Había pequeñas cosas que le atormentaban, reflejos que veía en su mente y no le permitían dormir, o dormir bien, ya que cuando tienes insomnio nunca llegas a cerrar los ojos y descansar completamente. Lo único que necesitaba era una cuerda para tirar de ella, algo para entretenerse, divertirse y sobre todo experimentar algo nuevo, cosa no difícil, ya que todo estaba de moda para él. Tumbarse en el césped y notar que está mojado, alto o afilado era lo más pornográfico para su alma que podía sentir. Después de aquel primer día probo tantas cosas nueva que ya había hecho antes que tenía su espíritu empalmado. Pero claro, su mente era tan fiable y estable como un reloj de autobús, por lo que comenzó a apuntarse todo lo que hacía, pero pronto dejó de hacerlo, era demasiado aburrido.

Llevar un diario es aburrido. No acordarse de lo que hiciste la noche anterior es divertido. Son cosas que aprendes si tienes ganas de vivir, y nuestro amigo las tenía. Por eso pronto empezó a conocer gente, hablar con mujeres y a hacer viajes de fin de semana a sitios tan diferentes como lo eres tú, en relación con el resto. Eran viajes cortos pero intensos. Buscaba el sonido del mar. Se alojaba en hoteles caros, cosa no extraña ya que nació en uno. Probaba todo tipo de prácticas y actividades, buscaba practicar el sexo más intenso y llegar a ser alguien poderoso, haciendo algo imposible para la mayoría, pero natural para él, dejar atrás su pasado. Empezó a vestir trajes caros, a apagar el móvil para olvidarse que el mundo se movía y a llevar siempre algo de hierba encima. Era un tío interesante. Un alter-ego al conservadurismo de esa época, lo único que necesitaba eran más tipos como él para compartir su perpetuo inconformismo y lograr algo grande. Pero una historia no es una buena historia si no aparece la chica, y sigue sin ser completa sino no acaba con el protagonista, sea de la forma que sea. Alejado de tópicos de Hollywood y demás mierda cinematográfica, lo único que hacia era dejarse llevar por lo que sentía, y nunca por lo que pensaba. Algo así como un viviendo rápido para no pensar. Eso de lo que hace la sociedad es lo que está bien no le pegaba, y como es lógico, a la guapa actriz tampoco ¿no? Pero hasta esta historia es como todas. Tiene un principio y un final, aunque no se lo veas, porque no lo hago ni yo. Pasan cosas por el medio que merecen tener su minuto de gloria y después olvidarse hasta otra conversación entre copas y bares de sábado por la noche, de esas de desinhibición que tanto me gusta. No sabía porque, tal vez era por su ignorancia, pero se sentía el hombre más feliz del mundo.

Al final de todo, te das cuenta que la felicidad es un estado pasajero de locura, y que sonrías lo único que hace es prolongarlo.

Púa verde

A veces pienso que no se si te he conocido demasiado pronto o demasiado tarde, pero como la mayoría de las cosas es estúpido pensarlo, pensar en hipótesis y esas cosas. La mayoría, nunca la totalidad, tal vez por eso no duela tanto, pese a ser el mayor reto de todos. Si un enfermo está terminal asume ciertas cosas en un corto periodo, o al menos en uno menor que alguien corriente, pero claro, la última palabra que te define es esa, corriente. Es natural que nadie quiera saber cuando va a morir, sino todo perdería la gracia, o se volvería mucho más burocrático, por eso de tener plazos. Pero quien sabe, alo mejor todo está perfectamente preparado y colocado para que no te salgan decimales.

Mi cuerpo y mente tienen una continua tendencia a la improvisación e incertidumbre que llega a ser enfermizo, pero a veces no te sale otra cosa. No hay nada más subjetivo que la perfección, y lo último que quiero ser es políticamente correcto, porque no nos pega, ni a ti ni a mí. Por eso es por lo que te puedo decir cualquier cosa, desde que me excitas o que se me pone dura solo con tu olor, hasta contarte que no tienes derecho a desaparecer, al igual que no tenías ningún derecho a aparecer en mi alborotada vida, pero para esto sí, ya no hay vuelta atrás.

Es sábado por la noche, te pones delante del espejo y te dispones a salir para hacer un par de rotos. Todo eso tiene una increíble gracia, solo es vérsela o encontrarla, lo mismo que sucede con el humor inteligente. Vas a tu bar preferido, pides tu alcohol fetiche y confías en tus encantos, eso es algo que viene de serie. Y creo que esto es todo lo romántico que puedo llegar a ser, es otro concepto. Fumarnos o bebernos juntos toda la noche mientras escuchamos algo de rock me parece mucho más enamoradizo y divertido que llenarte una cama de pétalos y pedirle a un cuarteto vocal que te enumere tus virtudes y oculte tus defectos. Eso es pedante y tópico, y lo peor de todo, aburrido.

Coge tu disco favorito, algo con guitarras al ser posible, pon una de esas canciones que te hace cerrar los ojos y mover la cabeza de arriba abajo, cierra la puerta de la habitación y comienza a fumar algo de hierba hasta formar una burbuja que consiga que la habitación sea infinita al no poder divisar los límites de estas. Déjate llevar, y todo será mágico, será romántico, romántico de nueva generación.

Se buena, chica rock.