Todas las cosas buenas

Echas de menos lo sencillo que resultaba todo antes, lo bien acostumbrado que estabas. Echas de menos ese olor, lograr que todos los versos de la canción rimen o que con solo chascar los dedos apareciera un camarero con esmoquin y pajarita y te preguntara que querías tomar acompañado de un señor o algún tipo de adjetivo elegante de esos. También echas de menos el calor, y cada vez vas echando de más otras cosas como las luces de navidad, esa terrible música en cada lugar que pisas o toda la distancia que existe, que aunque visto desde el mapa que tienes en tu habitación no es ni media uña, en tu lugar del cuerpo donde guardas los sentimientos se transforma en años luz.

Puedes ponerte a leer la historia de un hombre que tiene un don, y el valor para llamarlo así, mientras el autor se imagina que algún día existirá una especie de medicina que te permitirá no dormir nunca y sentirte descansado sin cerrar los ojos. Es cuando no puedes hacer nada más, o simplemente no te sale porque te exiges demasiado, nadie lo hace más que tu, y no te conformas con cualquier cosa o no te vale cualquier cuadro para la pared más grande y con mejores vistas de toda la casa. También te sirve para valorar eso pequeños momentos de felicidad, que de breve que es, se convierte en algo tan intenso como aquella primera noche.

Todos los imperios empiezan a caer por la dejadez, y es que es normal que nada sea como antes. También puedes pensar que no existe mejor día en tu vida que el que está por llegar. Nadie que realmente quiera disfrutar le gustaría que le dijeran el día y la hora exacta de su felicidad 10. Pero no puedes preguntar, o puedes hacerlo sabiendo que no obtendrás respuesta alguna, solo palabras sueltas entre interrogaciones que algún día significaron tanto o más de lo que se puede imaginar. Y no es lo mismo que todo vaya acompañado de una sonrisa que de que vaya de la mano de un reproche, o tal vez de algo peor, una mirada de indiferencia.

Alo mejor te da por ponerte a imaginar como será todo dentro de un tiempo, como serian las cosas si no hicieras nada o como cambiarían si tú también lo hicieras y empiezas a jugar de una forma agresiva, sin importarte que pase mañana, como hacías en los viejos tiempos. En los tiempos del todo o nada donde coronar la cima eran tan excitante y prohibido como complicado, pero solo por la recompensa merecía la pena cualquier tipo de misión suicida. ¿Entonces? Puedes preguntar y esperar la respuesta, o puedes dar la respuesta, si es que realmente existe lo que quieres oír…

Seguirás echando cosas de menos, pero sobre todo, siempre la echarás de menos.

 

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