El cliente siempre tiene la razón

Se estremece con el viento como una hoja que se mueve. Dejo que oiga mis pasos. Se queda rígida un instante.

-¿Quieres un cigarrillo?

-Claro, gracias. ¿Te aburren tanto como a mí?

-No he venido a divertirme, he venido a por ti. Llevo días observándote, eres muy deseable. No es tu rostro, ni tu físico, ni tu voz, son tus ojos. Las cosas que veo en tus ojos.

Le doy fuego, me sonríe y se gira con cara de interesante. Lleva un largo vestido de color rojo, al igual que sus labios. Está jodidamente preciosa.

-¿Y qué ves en mis ojos?-  Me pregunta.

-Una serenidad salvaje, no quieres huir. Afrontarás lo que tengas que afrontar. Pero no quieres hacerlo sola.

-No… no quiero hacerlo sola- Me dice temblando.

El viento se eleva electrizante. Un silencio que debería ser incomodo no lo es. Me acerco suavemente y la beso. Ella es dulce y cálida, casi etérea. Su perfume es una dulce promesa que hace aparecer lágrimas en mis ojos. Le digo que no se preocupe, que la salvaré de todo cuanto la asuste, que le llevaré muy lejos. Le digo que… la quiero…

… el silenciador hace del disparo un susurro, y le abrazo fuerte hasta que se desvanece. Ya nunca sabré de qué huía. Cobraré el cheque por la mañana.

Es la ciudad del pecado.

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Mientras luchan por separado, son derrotados juntos

Como si fuera uno de esos pequeños vecindarios americanos donde una atractiva chica se pasea con su bici de colores, de esas que tiene un agudo timbre y una hortera cesta delante del manillar, y para terminar de frivolizar podemos incluir un caniche sin pelo y con la cabeza enorme en proporción a su cuerpo. Todo seguía igual en aquel lugar, al igual que todo seguía igual en zonas tan distantes como Pakistán o Sudáfrica. Todo el mundo comenzaba a estar abonado al “es lo que hay” manteniendo ese discurso tan conformista y llorica que tan de moda se había últimamente.

Y pensar que si esos negritos esclavos del Siglo XIX no se hubieran revelado al general estadounidense igual seguirían agitando hojas de grandes palmeras y dedicándose a dar sombra. O si esos franceses sometidos por algo tan desfasado como es el antiguo régimen y una monarquía totalmente autoritaria no se hubieran decidido por asaltar y cortar cabezas todo podría seguir igual, igual de mal. Te quedas con la sensación de que todo personaje nacido entre los Alpes y los Pirineos unos veinte años antes de 1789 eran unos auténticos radicales y violentos del cambio, una generalidad de esas tan horribles pero que a veces se ponen de tu parte.

Porque como del neto al bruto, de la realidad a la percepción hay un salto tan grande como si te estuvieras lanzando al vacío. Ni todos los italianos tienen bigote y viven de la fontanería, ni todos los griegos comen yogur todo el día mientras están tumbados en aparentemente camas terriblemente incómodas, o tampoco todo los españolitos son vagos, les gustas los toros y el flamenco. Pero eso no es un problema social, ni de inteligencia, ni siquiera un problema hormonal, simplemente es un problema emocional. La mayoría de personas no joden hasta que las joden.

Y muchas veces si tienes miedo, muerdes. Mucha gente da un paso atrás, otros en cambio dan dos hacia adelante, eso sí, los dan temblando como un flan dentro de un avión, y con un discurso con tan poco argumentos y lugares por donde sujetarlos que al final terminan convirtiéndolo en un dogma de fe, creo que así nació la religión. Asique puedes quedarte en casa sufriendo en silencio y gritando con los dedos, mientras no paras de auto compadecerte por el mal tiempo que te ha tocado vivir y el mal cuerpo que te ha tocado aguantar. Es rápido y fácil, ideal para domingos por la mañana.

Asique quédate en tu jodida habitación odiando a las minorías, o simplemente despreciar al que tienes al lado por tener la piel más oscura, otra elección sexual o por dedicarse a adorar a otro que no sea tu Dios, tu Dios que nunca está cuando lo necesitas, aun sabiendo que al que aborreces tiene más pelo que tú, es más alto, inteligente y sobre todo tiene una polla más grande. O puedes abrir los ojos y dejarte llevar por el ambiente revolucionario y dejar la desidia a otros, a otros que ya murieron por eso, y empezar a vivir, empezar a ser feliz y no retratándote cada día.

No te dediques a dar tu visión del mundo, eso a nadie le importa, dedícate a transformarlo. Ellos se atrevieron.

Vivimos en un bonito y violento mundo

Llegas a pensar si realmente está bien lo que haces, y yendo más lejos, a plantearte si lo que al principio parecía una oportunidad luego se convierte en la clave del problema. Los asiáticos usan la misma palabra para decir crisis que oportunidad,  pero es normal, son unos avanzados y saben que lo son. Te tienes que conformar con vivir en una sociedad que si dices lo bueno que eres te tratan como estúpido, pero no pasa nada, el día que mueras todo eso habrá dado igual. Él tiene un problema, no cree en Dios y en que después de morir un montón de atractivas vírgenes ligeras de ropa y cascos te abaniquen mientras practicas sin fin el sexo más intenso, por lo que no le queda otra opción que intentar hacer todo eso mientras esté vivo, mientras sus pies estén tocando el suelo físicamente y su mente este volando y colocada de opio.

Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco nadie dijo que fuera tan difícil. Es como el bebedor orgulloso de ello al que le cierran el bar sin previo aviso. Puedes hacer de esto tu estilo de vida. Puedes estar todos los años en los que estés respirando escribiendo sentencias en frases cortas y que en su conjunto formen un arma cortante que vista en un plano global y objetivo llegue a ser precioso, incluso a veces emocionante o interesante, al menos. Pero el problema empieza como todo cuando dejas de controlar y lo que empezó siendo una pequeña nube se acaba convirtiendo en el Katrina.

Y es que la integridad de tu forma de evasión ante la vida hace que haya determinados sitios, personas y sobre todo ambientes en los que mentir no sea algo que sale de dentro, ni tampoco algo premeditado, sino que mentir se convierte en algo imposible. Emborráchate y no dirás más verdades a la chica que acabas de conocer de las que dirás nunca aquí. Pero más que desde donde tengas esa fobia a tergiversar verdades, es a quien se lo apliques. La magia del contexto en el que vivimos hace que confiemos más en un hombre gordo, sudoroso y trajeado que no se ha visto la polla ni los pies desde 1997 antes que en una mujer con la falda por debajo de la rodilla y que te mire directamente a los ojos mientras habla, y no se dedique a abusar de la tecnología poniendo en twitter lo fracasado que es y lo poco que se queja por ello.

Las mujeres son mucho más de fiar que los hombres si no les das motivos para lo contrario. Tal vez por eso, por eso y esa mirada oculta tras un medio flequillo o una sonrisa de complicidad hace que mentirle sea más difícil que lograr reducir el nivel de crispación social por un deporte que nunca te dará de comer. Pero tampoco es una guerra por mantener tu estilo, aunque a veces lo parezca. Puedes ir perdiendo pero no significa que vayas a perder.

En ocasiones una simple conversación o por lo menos interpretación de las palabras puede ser el motivo de tener una de las peores sensaciones que hay, la de que algo malo viene detrás. Otras veces lo incorrecto es lo correcto, por lo que siempre terminas acertando. Tienes derecho a decir y a expresar todo lo que sientes, ¿en serio? Derecho sí, eso está claro, pero lo que no tienes es el deber. Es una de esas jodidas confusiones que no llevan más allá que a más problemas. Igual ni antes estabas tan gordo ni ahora ni eres tan guapo. Puedes perder la fe en el mundo, en el gobierno o incluso en lo que parecía que estaría ahí para siempre, pero lo último que puedes hacer es perdértela a ti mismo.

La jodida carrera siempre empieza y termina en el mismo sitio. Si te dijeran que solo tienes una oportunidad para hacerlo bien seguramente lo darías todo, o seguramente te echarías para atrás por miedo a no hacerlo bien. Tienes que intentarlo, arrepentirte de haberlo hecho, no de no haberlo hecho. Pedir perdón en lugar de pedir permiso y pensar que no puede haber mejor cosa que cumplir aquello en lo que siempre has creído, y establecer tu éxito como una rutina. Puedes sentirte inferior, estás en tu derecho.

Todo se resume a que cuanto más pienses menos haces.

Sonríe, creo que es lo que se te da mejor.

No dudes, cierra los ojos y piensa que todo es posible, hasta lo imposible. Todo menos lo improbable.

I wrote a song for you, and all the things you do. For you I bleed myself dry. Look how they shine for you, and all the things that you do.