Little Boxes.

Acababa de llegar a esa calurosa y sureña ciudad. Sureña, nunca mejor dicho. Estaba en una casa que más que una casa parecía la mansión de algún tipo de mafioso dedicado al cultivo del tabaco. Después de estar hablando un rato con ese tipo de lazo en lugar de corbata y que me prometiera más cosas de las que nunca podría cumplir decidí salir a tomar el aire.

Y ahí estaba. En el porche había otro hombre con aún más pinta de sureño que me dijo que eso terminaría por matarme mientras miraba el cigarrillo que me acaba de encender.

-Lo único que te mata es la vida. Esto sólo te la hace algo más corta y llevadera.- Eso fue lo que yo dije. No sé por qué.

-¿Realmente te parece corta la vida? Es la experiencia más larga que tendrás jamás- buena sentencia. –Además, si llevarás más de veinte años jubilado y estuvieras cansado de ver como pasa el tiempo sin hacer nada por cambiarlo no pensarías eso.

-¿Sin hacer nada por cambiarlo?- Decidí sentarme a su lado pese a que olía algo a whiskey y prostitución.

-Llevo veinte años sentado en ésta maldita silla viendo como el mundo empeora poco a poco, ¿y qué he hecho? Nada. Y lo peor es que no me culpo por ello. Asique mi consejo es que cojas un buen sitio para ver la decadencia en 3-D y rechaces cualquier oferta que interrumpa eso. Incluidas las de trabajo.

-Una filosofía algo tremendista, ¿no cree?

-Si no puedo ser tremendista con ochenta y dos años no puedo ser nada más.

-Oiga, ¿no tendrá algo de priva?

A eso no contestó. Tal vez no me escuchó. Tal vez me estaba tirando los trastos y sólo se hacía el difícil, no lo sé. El caso es que el silencio no es tan incómodo como dicen.

Creo que se puso a coger algo de aire. Y dijo algo así.

-Asique únicamente digo que por un momento se calle todo el mundo, aunque no puedan. He visto lo que he visto. Ahora quiero que te pares, te gires y te marches. Dentro de esto no hay nada. Sólo somos carne muerta. Somos carne y no somos especiales. Nadie nos recuerda y estamos absolutamente solos. Así que hazte un favor y márchate. No hay ningún plan. No hay nada salvo aleatoriedad y caos. Y entropía. Y una lenta y cierta descomposición de todo lo que eres y de todo lo que has amado en sus componentes carnosos más pequeños, livianos y solitarios.

¿Lo has pillado?

Decidí quedarme. Hasta hoy.

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