Ensayo acerca de la sexualidad de Heidegger, parte I.

Sin saber muy bien en qué consiste el experimento del gato de Schrödinger pongamos que la predisposición a la felicidad se basa en esta paradoja. El motivo del qué seas feliz es tan poco existencialista como el hecho de creerse que Adán no tenía pezones. Pero tienes las mismas opciones de que al día siguiente después de nacer seas universal y absolutamente feliz que a que seas más desdichado que la boina de Oliver Twist. No existe el gris. Aquí o nos cegamos por la luz o nos perdemos en la oscuridad. En este utópico supuesto sigues teniendo las mismas opciones de nacer en Namibia que de nacer en Kentucky, pero no desarrollas un estúpido apego por algo en lo que no has tenido que ver. El orgullo de lo invisible y lo casual es más falso que el aterrizaje en la luna.

Puesto que se acepta que seas universalmente feliz o desdichado no puedes vivir con un desdichado si eres feliz o con un feliz si eres desdichado, por lo que al abrir la caja donde se encuentra el lindo gatito de Schrödinger, cambiando la bonita paradoja por una metáfora en la que la caja es la matriz de tu tutora legal a la que has salido a mordiscos y el gato es tu hipotálamo, pongamos que es el momento en el que descubres donde radica tu desdicha o tu felicidad.

Los guetos estarían a la orden del día. Si eres desdichado sólo podrías tener relación con gente igual de desdichada que tú, pero que en un alarde de sinergia proto-emocional disponible gracias a los dogmas adquiridos a lo largo de estas líneas serías capaz de no sólo tocar fondo, si no excavarlo, felarlo y retroalimentarlo. Y pasaría lo mismo en el opuesto contrario. Pleonasmo. Cuando un tipo feliz se suma con un tipo feliz no suman dos tipos felices, suman dos tipos felices con vocación de seguir siéndolo.

Pongamos que en los tipos felices viven en Bahamas y los desdichados viven en Siberia.

Lo mejor de este juego es que nunca nadie sería capaz de quejarse. El mayor triunfo de este sistema es crear tipos que estén cómodos en la servidumbre, el conformismo, el acatamiento y la no aspiración de algo que les costaría un mínimo esfuerzo. La sociedad de Schrödinger.

Los tipos felices sólo verían cine de Woody Allen y los desdichados de Haneke. El sistema de Gobierno estaría basado en que no existiría Gobierno, porque los individuos serán tan dóciles que no hará falta delinquir para violar. Los felices vivirán sin dinero, podrán tener lo que quieran cuando quieran. Los desdichados vivirán en un sistema con dinero, pero dinero que nunca tendrán, que nunca tocarán. La simple idea de que un lado se entere de que existe el otro será tan improbable como que esto no llegue a cumplirse un día.

¿Y qué pasa con el amor?

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La historia del día de la proto-revelación existencial.

Lo bueno de saber que la magia no existe es que sabes de primeras que los magos son unos impostores. Pero nada impide que puedas pasártelo bien con un impostor, sobre todo cuando juega a ser un mimo mientras el crack circula por sus venas y el whisky por su garganta. Las aficiones hay que compartirlas, y el hecho de que la mejor afición de un mago venido a menos al que le gusta la música indie y pintarse sólo un lado de la cara sea la de beber whisky sin tocar el vaso con las manos te motiva y te hace aplaudir.

Las performances de un sujeto con tendencia a demostrar lo contrario a su sexualidad son capaces de animar a cualquier tipo que quiera escapar de aquí, aunque sólo pueda ser en modo espíritu, y lo de no dejarse llevar está tan manido que el hecho de no saber quién eres durante un rato te sienta tan bien como hacerlo piel con piel con los ojos cerrados.

Lo malo de lo peor es que todo lo mejor tiene un fin, y lo peor de todo es que el fin siempre está más cerca de lo que crees, al contrario que pasa cuando te están metiendo una sonda por la uretra. Pero como lo fácil sería asumir que la casuística ha hecho que eso mismo que no quieres que termine empezara te resignas a meter tu cabeza en el hueco de una escalera mientras te esfuerzas por no vomitar un poco de champán color champán algo ácido y muy terpénico.

Y si el hecho de que algo tan surrealista termine hace que valores menos el hecho de que todo lo que vives es tan real como aburrido habrá merecido la pena. Lo de ver un caramelo, cogerlo y comerlo nunca fue más cierto que aquella noche en la que pasaste de estar escuchando a un tipo gordo y trajeado convertido en la antítesis de lo qué serás algún día mientras tú fantaseabas desnudando mentalmente a la chica más guapa del campus en esa tercera semana del año.

La sensación de que todo va a mejor si no haces nada es tan cierta como que el olor de esa chica es masticable. Excelciyosa sinestesia. Rayo de luz del sol que entra por mi pupila y me perfora la creatividad. Témpano de hielo que me congela el escroto y acaba con lo agudo de mi ingenio. Cascada de lágrimas que convierten cada parte de mi artisticidad en un pezón duro. Y cosas así.

Lo de dedicarse a morderse el labio es tan 2013 que lo mejor que puedes hacer es dedicarte a morder labios, que es lo que se lleva en 2014.