Si tuviera un piano tocaría dentro de un armario.

Holden es el clásico tipo que escribe con la música muy alta y una gorra de caza de color granate para atrás. Qué esperar de él. Puesto que la decepción emana de la expectativa Holden se convirtió en un pequeño Siddharta y dejó de esperar cosas de la gente. A Holden no le gustan los hipócritas, pero le gusta beber whiski de uva siendo menor de edad, mentir todo lo que pueda y pensar que habría sido de él si hubiese tenido coche.

La clase de tipo que hace que sangres por la nariz al pensar por un momento en tirarte a la enamorada de tu amigo. Otra vez. La sangre chorrea de tu cerebro sin haberlo hecho nunca antes, y no sabes por qué, pero sientes miedo y fascinación a partes iguales. Pero sigues sin esperar nada, porque cada vez que Holden ha esperado algo ha intentado hacer un primer plano de tu escote y ha terminado bebiendo solo. Pero la historia de Holden no es la historia de un fracasado o la de un segundón, es la de un genio atemporal.

Holden te enseñó a escribir desnudo mientras escuchas a Pete Doherty colocado de cocaína inhalada y champán. Él nunca pedía permiso y cuando pedía perdón tenía la siguiente mirada diciendo lo contrario. Do do fa, do do fa y la gente enloquecía. Te hizo pensar que el talento se mide por la progresión de la sociopatía y la tendencia a escribir poesía a quien deja de merecérselo.

Despegarse de un aroma es más complicado que intentar aparentar que aún te importa.

Humo de pipa

Cable mojado y fascinado.

Dulce pretensión de inocencia. La adquirida presunción de normalidad viene subestimada por el sistema corrompe-ideas y la anti-abstracta, llana y poca creativa burbuja de insolencia permitida por el mero hecho de seguir en la ola. Y sí, por aquel rostro hubiera pisado los zapatos limpios de aquel moderno. Perder por incomparecencia es peor que perder perdiendo. La derrota tiene aguja gasificada de breve tono y matices sin descubrir, de los que aún no te planteas que existen. Besar lo inbesable tiende a corromper lo incorruptible. Mejor dejémosla correr y sólo echemos un ojo a cómo lo hace.

Y si fuera mejor así. Y si el hecho de cumplir algo emborrona todo lo conseguido con anterioridad. El segundo de duda entre disparar y no hacerlo sabiendo que todo, en un instante, que has pretendido conseguir durante los últimos 102 días podría catapultarte de nuevo a la insustancialidad del camino curvo y esquivo. Pero jugar todo a una carta y perderlo para tener que volver a empezar, empezar desde cero, no te convertirá en nada más que un tipo guapo, valiente y con saber perder.

Estropéalo, no vaya a ser que sepas cómo arreglarlo y no tengas la oportunidad de mostrarle una carta más quedándote tan pocas.

En la vieja escuela te enseñaban a no dar un paso hacía atrás si después no ibas a dar dos hacía delante. La huida hacia delante era la marca de la casa y el irte a tu habitación con la sensación de poder haber hecho algo más era igual que irte a la cama sin cenar. No te podías quedar con ninguna palabra en la boca que hubiera podido cambiar mínimamente el resultado a tu favor, aunque el desenlace hubiese llegado a ser todo lo contrario y hubieras implosionado en una nube de indolencia, desprecio y olor a pólvora.

Los bloques se organizan de dos en dos y cualquier corriente de cambio es abruptamente cortada por una motosierra fascista de dominación del intelecto a base de adoctrinamiento y pistolas empuñadas de lado. Quedarse con la vocal en la meninge produce meningitis y haber usado mis dedos para conocer el destino aún sabiendo que eso no existe produce una mezcla de alivio, impotencia y resignación que es dulce néctar mañanero exprimido por mi fálica varita mágica de tu cálido, angosto, profundo y confortable manantial encela huracanes.

Líneas rectas y miradas curvas. Nunca más le volveré a sonreír a una lesbiana.

 

Varita

Humedecido follaje es pleonasmo en primavera.

Y ahí me encuentro, apoyado en una estatua de bronce que simboliza a una niña asiática leyendo un libro intentando disimular mi no tan sorpresiva erección provocada por una aspiración a promesa de medias miras, cuando la reflexión que inunda mi cabeza discurre a través de la vereda de lo fugaz mientras que cada vez me cuesta más retener pensamientos y menos conceptos escritos. Esto es el principio del fin del arte, o lo sería si no existiera el lápiz y el papel, o las notas de voz jugando a ser Miss Teléfono Erótico.

Cuando la simetría está tan asimetrada y una parte de tu cuerpo concentra todo tu calor mientras que el resto parece la jodida Crimea en febrero las sentencias y su absoluta validez cerciora que ese estado no es el más adecuado, no si después no se logra el progreso, puesto que lo de ponerse a inventar sentimientos cuando aún no has descubierto la mayoría de los ya inventados puede llevarte a algunos quebraderos de cabeza suplanta-identidades y convertirte en un Jesse James de lo que algún día copó la cúspide de lo emocional, y a lo que ahora estás dispuesto a darle la espalda mientras observas el cuadro de un caballo lleno de polvo, y en el reflejo del cristal ves como aquello que hizo mella deja de admirarte para tirotearte, de apreciarte para sustituirte, y tú, inevitablemente, te dejas caer como cae una manzana sobre cabeza mitificada de físico virgen.

Después, con tu recién adquirido nuevo vicio a las artes escénicas te dedicarías a girar el espectáculo de tu propia muerte con un actor de 32 años haciendo un papel de 20 y con un apellido que denote que es peor actor de lo que parece ser. Y con aplausos y todo eso. Te convertirías en rico y famoso, pero lo de ser rico no es para tanto y lo de famoso es una jodida mierda, así que terminarías suicidándote después de dar un paseo por un bosque y su humedecido follaje y dejando una frase para la historia.

Es mejor arder que quemarse lentamente.

Jodido mito no-viviente.

Y todo esto parte de una erección desaprovechada, como son la mayoría, y si hay algo que haga llorar a un niño es el talento malgastado y una erección no utilizada. El niño Jesús lloraría semen si se enterara de esto. Pero lo divertido de esto vendrá más tarde, la desventaja está en no saber esperar. Te conviertes en un tipo con Síndrome de Tourette que sujeta un revólver en la puerta de un colegio.

Golpea el vaso contra el otro vaso. Que el pequeño sea comido por el grande. Deja que se suba al punto más alto, al sitio en el que nunca ha estado para que se sienta más cerca de ti. Después no le eches imaginación a nada y simplifícalo todo hasta pensar como un pedófilo o un celoso. Pierde. Haz que se caliente nada menos una parte y dibuja estrellas en un cielo contaminado con tu dedo. Haces gárgaras con dextrometorfano, lo aderezas con hidrobromuro y lo mezclas con esa bebida que produce más paros cardíacos que mañanas bien asimiladas.

Y como en el fondo nunca pasa nada, sigue aparentando que sabes nadar.

K.C