Humedecido follaje es pleonasmo en primavera.

Y ahí me encuentro, apoyado en una estatua de bronce que simboliza a una niña asiática leyendo un libro intentando disimular mi no tan sorpresiva erección provocada por una aspiración a promesa de medias miras, cuando la reflexión que inunda mi cabeza discurre a través de la vereda de lo fugaz mientras que cada vez me cuesta más retener pensamientos y menos conceptos escritos. Esto es el principio del fin del arte, o lo sería si no existiera el lápiz y el papel, o las notas de voz jugando a ser Miss Teléfono Erótico.

Cuando la simetría está tan asimetrada y una parte de tu cuerpo concentra todo tu calor mientras que el resto parece la jodida Crimea en febrero las sentencias y su absoluta validez cerciora que ese estado no es el más adecuado, no si después no se logra el progreso, puesto que lo de ponerse a inventar sentimientos cuando aún no has descubierto la mayoría de los ya inventados puede llevarte a algunos quebraderos de cabeza suplanta-identidades y convertirte en un Jesse James de lo que algún día copó la cúspide de lo emocional, y a lo que ahora estás dispuesto a darle la espalda mientras observas el cuadro de un caballo lleno de polvo, y en el reflejo del cristal ves como aquello que hizo mella deja de admirarte para tirotearte, de apreciarte para sustituirte, y tú, inevitablemente, te dejas caer como cae una manzana sobre cabeza mitificada de físico virgen.

Después, con tu recién adquirido nuevo vicio a las artes escénicas te dedicarías a girar el espectáculo de tu propia muerte con un actor de 32 años haciendo un papel de 20 y con un apellido que denote que es peor actor de lo que parece ser. Y con aplausos y todo eso. Te convertirías en rico y famoso, pero lo de ser rico no es para tanto y lo de famoso es una jodida mierda, así que terminarías suicidándote después de dar un paseo por un bosque y su humedecido follaje y dejando una frase para la historia.

Es mejor arder que quemarse lentamente.

Jodido mito no-viviente.

Y todo esto parte de una erección desaprovechada, como son la mayoría, y si hay algo que haga llorar a un niño es el talento malgastado y una erección no utilizada. El niño Jesús lloraría semen si se enterara de esto. Pero lo divertido de esto vendrá más tarde, la desventaja está en no saber esperar. Te conviertes en un tipo con Síndrome de Tourette que sujeta un revólver en la puerta de un colegio.

Golpea el vaso contra el otro vaso. Que el pequeño sea comido por el grande. Deja que se suba al punto más alto, al sitio en el que nunca ha estado para que se sienta más cerca de ti. Después no le eches imaginación a nada y simplifícalo todo hasta pensar como un pedófilo o un celoso. Pierde. Haz que se caliente nada menos una parte y dibuja estrellas en un cielo contaminado con tu dedo. Haces gárgaras con dextrometorfano, lo aderezas con hidrobromuro y lo mezclas con esa bebida que produce más paros cardíacos que mañanas bien asimiladas.

Y como en el fondo nunca pasa nada, sigue aparentando que sabes nadar.

K.C

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