La dirección escrita en la llave no corresponde con la de la casa

Puede que no haya nada peor que no pisar firme, pero es una de esas cosas que no sabes hasta que te pasa o hasta que te deja de pasar. Se podría hacer una lista de esas cosas que de un día para otro se destapan como vitales cuando nunca lo fueron. Pero hay un lista más divertida y morbosa: una sucesión de elementos que considerabas imprescidibles hasta que un día tu meninge chasca los dedos y te dice que de ninguna manera, que qué demonios te imaginabas que estaba pasando hasta ahora.

Puede que confundas la superación con la costumbre, porque está demostrado que el ser humano es capaz de hacerse a todo, por muy atroz o antinatural que pueda parecer en un principio. Pero si confundes esas dos cosas seguramente no estés preparado para vivir un minuto más. Y ahí estás, parado sobre algún punto indeterminado del mar Báltico mientras flotas en una especie de hotel de la opulencia y la decadencia en la que la gente bebe y consume como si fuera el último viaje de sus vidas. Como si el barco se fuera a hundir en cualquier momento. Sería un experimento emocionante. Anunciar por megafonía, justo después de las normas de seguridad y evacuación que no servirían para nada y para así darle un toque más macabro, que la nave sobre la que surcamos agua fría se va a partir en dos, y todos los miembros que vamos a bordo vamos a morir irremediablemente. El experimento no sería sociológico. Un estudio acerca del comportamiento del ser humano en situaciones límite de supervivencia está muy manido por topicazo. Además estoy seguro que un no nada desdeñable porcentaje de personas no escucharía el mensaje, el canto de sirena, y seguirían privando como si fuera la última noche del año.

No. El estudio sería psicológico. Psicología de proyección. La tesis residiría en ver cuánta gente tiene la conciencia tranquila mientras sus tobillos comienzan a mojarse. Qué cosa tan abstracta, verdad. Pero ya que todo va a terminar veamos la ciencia como aplicada, como traición a ti mismo, y buscas esa palabra tan fea pero que tanto gusta: utilidad. Ponemos una selección de los temas más apocalípticos de Muse y hacemos encuesta. Lamentablemente habría que tomar una muestra, ya que habrá más de dos mil personas en este buque relleno de WiFi. Tampoco importaría mucho cómo de representativa fuera la muestra. Total, nadie iba a publicar un estudio después. Así que con oír un puñado de buenas historias podríamos decir que el estudio resultó un rotundo éxito. Escuchar a uno de esos tipos que no tienen claro si son suecos o rusos de lo cruzados que están si detrás o debajo de esas sandalias con calcetines hay algo que no les va a dejar dormir a pierna suelta para siempre. Y qué mejor analista que alguien que se ha pasado gran parte de su vida saltando a la comba con lo eso que Kant llamaba moralmente bueno. Un experto. Un lobo de mar. Un crítico de la conciencia, de la perspectiva. De las buenas y malas historias. Y para eso lo más importante es la sinceridad.

De ahí que sea necesario no sólo que la muestra se esté muriendo, sino que sepan que se están muriendo. Cuando no tienes nada que perder juegas como nunca. Aunque tampoco tengas nada que ganar. O quizá sí. Aunque sólo ganes redención. Nadie miente cuando sabe que no flota. Ni siquiera los más psicópatas.

“Nada más animal que una conciencia tranquila en el tercer planeta del Sol”, dijo aquella escritora polaca con tantas uves dobles en su nombre. Y todo parte de ahí. De ahí, y del tratamiento de lo incómodo. De la molestia. De eso que te sale en la boca del estómago y que torna en ausencia de hambre por muchas ganas que tengas de comer. El círculo de lo cotidiano puede hacer que, a partir de una sucesión de pequeñas mentiras o autoengaños llegues a creer que incluso eres feliz. Pero la felicidad es algo más que la ausencia de tristeza. Al igual que la felicidad es algo más que referescos a seis euros y cajetillas de tabaco a diez. La felicidad se lleva mejor con la emoción, la sorpresa, y sí, también con la liberación. El popular quitarse un peso de encima tiene que ver más con estar feliz que cualquier frase que puedas leer en una taza de desayuno. Puedes usar ese mantra que dice que la felicidad está sobredimensionada y que no es más que una etiqueta que se pone a algo que se supone que sentimos.

-Hace frío. Un frío inerte y etéreo de preoperatorio. Ha empezado a entrar agua en el casco o es que ya estamos en la morgue. Además, esta versión del one hit wonder de Jason Mraz me ha trasladado al 2009-.

Chica con sombrero de paja que vale más que la mitad de mi puto piso bebe algo con sombrilla en la copa mientras que hace como que ojea un libro, cuando lo que hace realmente es esperar a que se seque la tinta de sus uñas entre tantas bolsas de papel con ropa que nunca se llegará a poner.

Vaya. La buena de Svetlana está pujando fuerte como la dama del barco utilitarista en su última excursión. Vamos a ver quién podría ser el capitán, el galán, el caballero o como demonios queramos llamar al pene que mejor representa este lugar.

El tipo rubio de mirada perdida que juega a las tragaperras como si estuviera programado para ello mientras manda a su hijo chamuscado por el sol a por cambio creo que acaba de ponerse a sí mismo la corona.

Exterior. No. Interior. Interior desde donde se ve el exterior. Escuchar algo de lo que no entiendes nada empieza a ser resultón. Porque fabulas. Porque imaginas. Porque escuchas lo que quieres y entiendes lo que necesitas. Ella me observa con sus ojos claros y grandes, pero eso no impide que tenga la mirada perdida. Esa gustosa sensación de no encajar en ningún sitio siempre que se observe desde fuera. El eterno pálpito de atracción que parece perseguirte. La dulce pretensión que un día me pareció la próxima, próxima Audrey Hepburn para variar tenía razón. Discurre con una agudeza y claridad que trasciende en cada punto final. Y puede que la palabra necesitar sea la conjunción de vocales y consonantes más intensa que se te pueda presentar, y que realmente no necesitemos nada, sino que simplemente queramos que pasen cosas. Y lo que ahora quiero que me pase todo el rato eres tú. Que me hagas dormir menos, comer menos, fumar más. Que me hagas descansar más porque no paras de agotarme. Que te haga reír sin para sabiendo tus puntos débiles y ensañándome con ellos con todas mis ganas. De una manera cruenta, larga, lenta y dolorosa como excusa de compartir un rato más contigo.

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