Hay un momento en el que el coche parece que no se va a hundir. Te pone del lado del malo. Es muy tramposo. Pero al final todo acaba bien. O sea, mal

Llegué a aquel lugar con apariencia de parque en un día de verano. Era por la mañana, aunque allí casi siempre está nublado. No tenía muy claro sobre qué paralelo estaba saltando, pero sí tenía claro que necesitaba un café. Entré a uno de esos locales pequeños que tienen apariencia de hogar y una chica de belleza prístina y turbante en la cabeza me puso un café en un vaso pequeño con una sonrisa grande. Dentro del microclima que se respiraba entre esas cuatro paredes todo sabor se potenciaba como cuando bebes de los labios de alguien y aún conserva el matiz de su dulce gloss. Habría tenido sed todos los días de mi vida. Caminar solo en un lugar en el que nadie te conoce ni habla tu idioma es una experiencia única, facilitada por la universalización de los transportes y por tu refinada libertad individual en contratoque del malvado individualismo liberal.

Yo es que fumo porque si respiro aire puro mi cabeza se despeja y deja de tomarte en distancia para tomarte en constancia.

Había caminado en bicicleta más kilómetros que en todo el año anterior junto y mis cuádriceps estaban duros y fatigados. La erótica del luto es algo tan cultural y glocalista que me podría pasar la vida recorriendo funerales del mundo. Lo de prender fuego a algo que está muerto es algo que hago continuamente en vida, así que menos mal que no fui un guerrero vikingo. Pero lo de hacer de mis restos un lugar de reunión en el que comer pan dulce con vino gasificado mientras mi lápida sirve como aparcamiento de vehículos de dos ruedas me gusta tanto que me entra la prisa por chapotear en la litosfera. Recorro un camino intencionadamente ordenado para perderse y llegar a donde no querías llegar. Aquí no está Amy para dejarle un tubo de nicotina a su lado, pero esta Søren para que te dé la turra con su existencialismo mientras no puedes dejar de mirar esos ojos azules tan penetrantes que no paran de moverse de un lado para otro.

Tienes la mirada de Søren, y si las consonantes de su apellido fueran cicatrices iría todas las mañanas de domingo a la plaza a cambiar las que tengo repetidas.

Como pasa con muchas cosas el mejor momento de algo pasa justo antes de que el momento llegue. Aunque tu memoria visual será la que retumbe, tu refracción emocional siempre te hará respirar profundo y hacer memoria en virtud de lo mejor que te pasó. Un tipo se sentó junto a mí mientras miraba lo que quedaba del filósofo y me preguntó algo en ruso. Yo sólo sonreía y contesté cosas en inglés. Lo cierto es que tendría mucho sentido que un lugar donde termina la gente que ya no existe empezará a existir gente que todavía no lo hace. Para que proyectar recuerdos pudiendo proyectar ADN.

De aquel día no recuerdo mucho más. Dejar de correr para empezar a caminar por avenidas tan largas y llenas de vida que te hacían pensar que esto no parará nunca de girar. Una banda sonora algo gamberra con muchas onomatopeyas, un plato de pasta con más picante que de lo otro y la perpetua sensación de que todo lo que está pasando es una fotocopia repetida y única. Que pensar en color sepia en cosas que todavía no habían pasado es redistribuir cuánticamente la imaginación. El problema es que todo habla de ti aunque no te lo merezcas. Jodido impulso primario de idealización hitchcokiana.

Levanta la vista, observa lo que te rodea y juega a ver quién llega primero a tu carrera del recuerdo. Lo tienes. No hace falta contar nada más porque te lo acabas de explicar todo.

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-una caja de música-

Dice algo así como que hay que admitirlo, redimirlo y tirarnos de los pelos. No sé. Llovía y no los estaba mirando a ellos

Levito entre la paciencia y la ausencia de una ansiedad que debería estar pero no está. Entre lo que anhelo y lo que me conviene. Entre lo que fue y entre lo que probablemente no sea. Compadezco ante una muchedumbre fiel pero dolorosa que me ha visto quitarme las astillas una a una con las manos mojadas y los ojos rojos. Estos fundamentalistas de mis emociones me dijeron que si no te puedes levantar por lo menos te puedes sentar a ver cómo pasan cosas y nada cambia, todo permanece inerte ante un silencio que da miedo y un aire tan limpio que hace que se me ensucie la conciencia. No camino, sólo giro sobre mí mismo.

Improviso ante los impulsos que salen a borbotones de lo que tengo entre mi entrecejo y lo que hay encima de la ingle. No es cómodo. Tampoco consecuente ni pertinente. Pero es. Aquel tipo argentino que murió hoy y que era realmente hilarante con las palabras decía que la vida para lo único que sirve es para ser vivida, y poco más. Seguramente nada más. Un tanto reduccionista, carente de pretensión e incluso naíf, pero tan verdadero como la sutil añoranza a la que no me atrevo a ponerle nombre ni a decir en voz alta. Parpadeo con la curiosidad e incredulidad propia de aquel que finge que le gustó más Gremlins II que Gremlins I.

Algo que se sostiene en la pared con la misma energía con la que se colocó. Un recuerdo que no entierras porque la pala está en el estante más alto y porque tampoco te motiva acercarte con un taburete. Echas un poco de tierra por encima, haces una marca en el suelo y con eso piensas que bastará. En los últimos diecinueve años nunca se inundó el piso menos dos del garaje. Por qué iba a hacerlo en diciembre de 2019. Ahora todo lo que pisas es barro, agua con un olor intenso a resignación y matices con tropezones de tierra dura y condescendencia. Es bonito si llevas botas. Es bonito si vas descalzo. Es bonito si alguien te grita Marco y quiere escuchar tu Polo.

Es triste si ves tu reflejo del pasado proyectado en una chapa de color azul turquesa. Las mejores conversaciones son de motor apagado y mirada encendida.

No es vanguardia o revisitación. Tampoco es un renacimiento ni una secuela. Desde luego que no es una reinvención. No podría decirse que es ponerle un sombrero nuevo a la muñeca de siempre. En realidad no tiene definición fácil, pero como nada lo es marida a la perfección con algo tan loco como inexplicable. A veces tengo la sensación de que te conozco mejor que nadie y después el reloj empieza a girar en la otra dirección.

Para qué mentir pudiendo esconder la verdad. Es tu manera de hacer deporte y parodia. Una comedia de la que te ríes muy alto porque sabes que después del tercer acto no todo va a ir del todo bien. Los títulos de crédito nunca son el final en el posmodernismo y decir nunca en voz alta nunca y siempre significó menos. Ave que se mece al son de las curvas y que aguarda su momento para golpear en cabina. A mí me encantan las películas que acaban mal, pero también quiero que se salve siempre la chica rubia.

Agacha los párpados, levanta las cejas y mastica el aire por si acaso. Nunca sabes cuando va a romper la ola.

JR

la puerta no está cerrada por dentro

Tienes que aparentar todo el rato que sabes lo que estás haciendo aunque lo único que quieres es que termine

Noche templada que no termina nunca. Empezó a la hora de siempre pero en ese lugar todo era tan oscuro que jugaba a ser agujero de gusano. Hielo en vaso y la continua sensación de no encajar para beber. Allí lo único que hacía de esponja era el no aguantar la mirada. No sabía a qué hora soltaban las bestias pero todo el mundo parecía estar esperando a lo mismo. Lo que no sabían es que aquel día la bestia llevaba cenando con cuchillo y tenedor un buen rato. Nada sutil, apenas vibrante y una secuela de aquella película en la que muchos tipos sin camiseta se pelean por toda la ciudad saltándose el torno del metro por encima de sus posibilidades. Allí no había medidor de posibilidades. Ni siquiera había posibilidades. Sólo tradición oral carente de emoción escrita y una especie de pintura de Altamira de color fosforito. Firmas tu sentencia de muerte con tóner del caro.

Llegas escuchando aquella versión de los Creedence como si fueras El Nota antes de encontrar los deberes, pero a medio tiempo. Las trompetas no se escucharon en el cielo. El concepto trompeta es a final como rojo es azul más agua salada auto-producida. Todo lo que esperas y te hacen esperar pasa delante de tus ojos a una velocidad tan rápida como decepcionante. Caminas, miras a tu amigo y decides que no es buena idea encender un cigarrillo en esa gasolinera. La última vez que fumé tabaco terminamos derrapando en la puerta de la casa de Ana Frank mientras nuestros ideales se hacían mayores. Mercantilizar la tragedia es igual de despreciable que tocar sin ganas. La piedra respira y humedece, no escucho más que información nueva que sé que no voy a retener. Algo me pesa en la boca del estómago. Me habría venido bien un puñado de arena.

Uniforme de emoción exagerada. Escenario que no encaja y música que no mejora el silencio. Un ojo me mira y el otro no sé dónde está. Camino durante no sé cuánto tiempo y todo me parece tan igual que siempre termino topándome con el maldito número nueve. No camino en círculos, es el mundo el que camina en torno a mí. Pasado de moda el antropocentrismo no queda otra que colocarse con descolocamiento. Es mejor que levantarse rápido de la silla o despertar y darte cuenta que no estás. El hábito no por rutinario dejaba de ser doloroso. Pero a veces te dejas sangrar porque te gusta mirar. Porque te gusta que te miren.

Itinerante y estridente sobredosis de decibelios que rima con decepción, pero de delante hacia atrás en vez de detrás hacia delante. Los ojos se te pegan y el hielo la mayoría de veces no es seco. Quema más que enfría y alivia más que escuece. Todo es lo contrario de lo que parece. Lo contrario de lo que tenía que haber sido.

El plástico no deja de ser combustible sólido y pasado que tiene una historia que también quiere ser contada.

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la planta baja de los rascacielos

Nunca son las doce en el reloj porque salta dos minutos sin que te des cuenta

Ilústrame con tu piel blanca como lienzo. La tinta era todo lo que nos queríamos inventar. El arte relativiza las emociones y las tensiones. Actúa como tranquilizante. Yo ahora no quiero estar tranquilo. Quiero nervios y tensión. Quiero frío que cristaliza y nariz que se vuelve roja. Una conversación que está todo el rato terminándose pero que no termina nunca. Elegir izquierda o derecha. La izquierda es lo que quieres. La derecha lo que te obligas a querer. Son dos pasos. Dos zancadas decididas o dubitativas. Qué más da. Es domingo y es por la noche. Nadie te espera en ningún sitio porque el primer y último sitio en el que quieres estar es dónde estás.

Empieza por eñe. No. No empieza, pero tiene. Lo rimas con la o y en agudo. A mí que siempre me han gustado los títulos largos y las palabras esdrújulas. Mi nombre es arte en diminutivo. El tuyo oscila entre lo ausente y lo presente. Nunca tiene las dos. Nunca tenías las dos aunque siempre tenías de uno más que del otro. Nunca salías a vencer. Ni tomabas camino. No pasa nada. El camino está hecho. Ningún número salvo el uno y por ellos mismos. Lo agradable no es firme. Tampoco universal. Si es puro, aburre. Si es fácil, eterniza. En esta bañera todo toma un cáliz distinto para casi todas las cosas menos para una. No sé ni en qué floto. Tampoco sé si estoy flotando. Puede que la ausencia de luz signifique que no hay luz. Que nunca la hubo. Pero yo recuerdo estar cegado más de una vez.

Cierras los ojos y te mareas. Al sol todo vale doble. Por dos. De negro, más. Una foto en marco que nunca llegó a ser pero que sigue dormida en un cajón. El invierno no va a llegar porque nunca se ha ido. Es puro y oscuro. Pero cuando estás tanto tiempo fuera de casa ya confundes la distancia con tu hogar. Puede que seas casa. O lo fueras. O no dejes de serlo. Lo que itera puede que lo haga de una manera efectista pero sin trasfondo. Una bomba de humo para aprovechar un instante de zozobra. Duele, pero no mata. No duerme, pero descansa. Amarillo y amarillo patada en el ojo.

Un minuto y un segundo de una canción que flota, pero no cuaja. Tampoco pasa nada. Hace tiempo que la urgencia pasó a un segundo plano. La inmediatez es el himen de lo trascendente. Y lo trascendente es terminal. Todo parece un puzzle de cinco mil piezas pero en realidad sólo tiene dos.

Igual ya es verano. Igual es el verano pasado. Hace tiempo que perdí la noción del tiempo. No sé si avanza o retrocede. No sé si es ahora o ya es siempre. Tampoco pido que me lo devuelvas cuando aún me queda que dar. Poesía de miércoles por la noche. Como aquella noche en la que lo ambulante dejó de flotar.

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una opinión sólo es válida si es estúpida